Ko Phi Phi, la playa encontrada


Lanchas de madera impulsadas por motores de camiones, otra opción para recorrer las aguas cristalinas.

Distribuida en apenas 12 km. cuadrados, recibe a pequeñas mareas de visitantes que participan de la fiesta Full Moon. Excursiones y caminatas para descubrir lugares secretos y conectarse con la naturaleza.

TEXTO Y FOTOS. I. M. Maciel (ignamac@gmail.com).

En el filme “La Playa”, un joven Leonardo DiCaprio viaja de mochilero por Asia y descubre una isla perdida en el Índico, asediada por aguas cristalinas y habitada por un puñado de jóvenes, todo fuera del sistema.

La isla que inspiró el libro y luego el film existe y, estando en Tailandia, no pude resistirme a conocerla. Pero al arribar con el tour (no se puede ir solo ni dormir en ella) el golpe fue contundente ya que cientos de turistas chinos flotaban frente a la costa con sus rigurosos chalecos naranjas y sus máscaras de snorkeling, apilados unos junto a otros.

Sin embargo, más allá de la desilusión del momento, la suerte me sonrió porque la isla de la que salían las excursiones a La Playa resultó un lugar mucho más interesante para pasar los días. Su nombre: Ko Phi Phi.

CON SOL Y LUNA

Distribuida en apenas 12 km. cuadrados, Phi Phi fue uno de los lugares más afectados por el tsunami del 2002, y sin embargo exhibe una belleza inapelable. Puerto obligado de los mochileros en Tailandia, la isla recibe pequeñas mareas de visitantes ya que, al acercarse la luna llena, los jóvenes peregrinan a la isla de Ko Pangan. Allí se realiza la fiesta Full Moon (de luna llena) que concentra a la mayoría de los mochileros del centro de Tailandia.

En sus playas, los monos merodean en grupos familiares y asaltan la comida de los turistas al menor descuido. Es que ni ellos se quieren perder el mejor Pad Thai callejero (plato típico a base de fideos de arroz salteados con camarones y salsa de soja). No obstante, sus monerías no perturban el disfrute del mar, cuya temperatura nos invita a pasar horas en el agua. Por las noches, los espectáculos de fuego se encienden en cada bar de la playa Long Beach, y los básquet (pequeños baldecitos de alcohol barato y gaseosas) alegran a los turistas.

FUERA DEL CIRCUITO

Sin embargo, luego de pasar varios días, uno descubre que el desenfreno de la noche deja en la playa su rastro de residuos por la mañana, y que la persistente y ubicua canción de moda satura la mente. Por lo que la mejor opción es pasar el día en excursiones, ya sea caminando isla adentro en pequeños senderos dentro de la selva (donde es habitual encontrar familias de monos) o bien pagar algunas Baht (la moneda de Tailandia) por tener un tour privado en lanchas de madera impulsadas por grandes motores de camiones adaptados localmente.

Es verdad que Ko Phi Phi y sus islas hermanas ya no son el paraíso de película que fue antes del aluvión de turistas, pero con un poco de tiempo, ganas de andar y una mochila en el hombro todavía guarda muchos lugares secretos donde conectarse con la naturaleza, por lo que todavía vale la pena el viaje.

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