La formación docente en educación física en Santa Fe


El 3 de junio de 1960 nacía el Instituto Nacional de Educación Física. Institución local pionera y referente en la formación de educadores de todo el país.

TEXTOS. Mariano Rinaldi. FOTOS. Archivo El Litoral.

El instituto y la carrera de Educación Física en Santa Fe dio sus primeros pasos en la década del sesenta y rápidamente se consolido en base a una masiva inscripción de alumnos y una supervisión de un cuerpo docente con reconocida trayectoria en Santa Fe y Rosario que impartieron sus clases y conocimientos a estudiantes oriundos de distintas provincias como Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro y Chubut. En el primer año se anotaron a la carrera 300 aspirantes, cupo del cual finalmente 60 fueron seleccionados y arribaron a nuestra ciudad para su formación, todos ellos becados por el Ministerio de Educación de la Nación.

La carrera se inauguró con un sistema de internado que ofrecía alojamiento, comida, ropa y pasajes a los becarios de todo el país. Oscar Malvicino fue el primer director del establecimiento educativo. Por esos días la principal preocupación de la institución era contar con un edificio propio, debido a esta problemática las clases prácticas se dictaban en Club Regatas, Club Unión y Liceo Militar Manuel Belgrano; en tanto las clases teóricas se daban en la Escuela Superior de Comercio. El plan de estudios constaba de 3 años de duración y cuarenta horas de clases semanales. La orientación pedagógica y humanista buscaba la formación integral del futuro docente. Además, desarrollaban diversas tareas en el Club Colegial: conferencias, conciertos de música, impresión de un folletín estudiantil y competencias internas formadas por las tribus que integraban los alumnos: los «guaynas» y los «churos».

EN LAS ESCUELAS ARGENTINAS

Según el especialista en educación, Pablo Scharagrodsky, a partir de 1940 la educación física escolar argentina sufrió una serie de transformaciones. El dispositivo curricular incorporó nuevas prácticas corporales: el deporte, el juego y las danzas folklóricas.

Atrás quedaron los ejercicios, las rondas escolares (ejercicios físicos asociados con cantos) o el sistema argentino de educación física (juegos y ejercicios racionales con fines higiénicos) que entre 1880 y 1940 tuvieron un papel central en la construcción de un tipo de masculinidad y femineidad en el ámbito escolar. Bajo este paradigma, el Sistema Argentino de Educación Física contribuyó a establecer el ideal femenino, vinculado con la maternidad, en cambio, con objetivos y tácticas diferentes, también contribuyó a establecer el ideal de masculinidad, vinculado con una virilidad fuerte, emprendedora y claramente dirigida al espacio público. Estos procesos de esencialización y de naturalización de la masculinidad y de la femineidad se apoyaron en el saber fisiológico. Los razonamientos derivados de este último confunden frecuentemente los atributos biológicos con condiciones morales y sociales. Se sostuvo la subordinación científica y desvalorización genérica de la mayoría de las mujeres y de aquellos varones que no cumplieron con las normas establecidas. De este modo, el discurso higienista y fisiologista fue productor y reproductor de las desigualdades de género.

A comienzos de la década del ’40, lentamente comenzaron a introducirse nuevas prácticas: los deportes. Estos, como cualquier práctica social, tiene bases políticas, culturales e históricas. Su emergencia respondió a una serie de problemas, inquietudes, interrogantes y necesidades de orden social, político y económico. Sin embargo, esta práctica deportiva, junto con los juegos, las ejercitaciones físicas y las danzas folclóricas, mantuvieron una de las claves constitutivas de la educación física escolar argentina: la separación entre dos modalidades de ejercitaciones y actividades, con diferentes objetivos, cualidades y destinatarios. Este acontecimiento contribuyó a reproducir el esquema dual que asocia, por un lado, las ideas de tono muscular, fortaleza, agresividad y trabajo físico con masculinidad y, por el otro, las de fragilidad, estética, suavidad y armonía con femineidad. El deporte, los juegos, ciertos ejercicios físicos y las danzas folklóricas fueron las prácticas que, desde el año 1940, contribuyeron con el modelado de un tipo particular de orden corporal de género. 

En Argentina hasta la década del ’40 el deporte no arribó al ámbito escolar y cuando aparecieron estas prácticas y actividades lo hicieron en base a criterios de adecuación a cada sexo que fueron fijando normas y estipulando cómo debían ser los hechos educativos. En consecuencia, la educación física escolar contribuyó fuertemente al proceso de normalización de las sociedades modernas. De hecho, lo normal se convirtió en la vara que juzgó y valoró positiva o negativamente un comportamiento corporal, un desplazamiento, una posición, un gesto, una actitud, un sentimiento o una emoción, y se constituyó como el principio de un conjunto de prácticas cuyo objetivo fue la producción de lo normal. Los ejemplos deportivos más recurrentes se produjeron a partir de la arbitraria decisión de prescribir fútbol, rugby, gimnasia en aparatos, gimnasia deportiva, basquetbol o balonmano para los varones y pelota al cesto, gimnasia rítmica, básquetbol femenino, danza moderna, educación rítmica, musical y canto, danza creativa educacional o hockey para las mujeres.

Compartimos desde el archivo del diario El Litoral algunas fotografías que reflejan esos primeros años del Instituto Nacional de Educación Física en Santa Fe.

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