Si hasta la plaza de toros cantó


El 24 de setiembre de 1993 en Madrid, la plaza de toros de Las Ventas se vistió de gala para recibir a Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute. Ellos retribuyeron tamaño gesto a puro canto, convirtiéndose en los anfitriones de una fiesta inolvidable, quedando parte de la misma plasmada en dos CD.
Textos. Enrique Madeo.

Si no hubiese tenido entre mis manos la prueba irrefutable, no lo hubiese creído. Ellos dos, cantando sus temas, miles y miles de personas coreando sus temas… y la plaza de toros de Las Ventas vestida de fiesta para recibir a dos trovadores. Ellos -con la simpleza de los grandes- más que dar un recital, se sumaron para brindar junto al público un espectáculo único, colmado de palabras, sonidos, aplausos, palabras, cánticos, palabras y más palabras… aquellas que conjugadas por la magia de la dialéctica generan emociones profundas, aquellas capaces de conmover.

¿Y por qué me cuesta creerlo? Porque a Silvio Rodríguez y a Luis Eduardo Aute durante sus extensas trayectorias, a las que he seguido y de cerca, les ha interesado mucho más recibir en compensación por sus mensajes la íntima complicidad de un gesto de aprobación que aquella otra, proveniente de esa masiva aceptación, generada por ese aplauso anónimo y autómata.

El 24 de setiembre de 1993 en Madrid la plaza de toros de Las Ventas se vistió de gala para recibirlos y ellos retribuyeron tamaño gesto a puro canto, convirtiéndose en los anfitriones de una fiesta inolvidable, quedando parte de la misma plasmada en dos CD con veinticuatro temas cantados entre los dos, a más de una cabal demostración de cómo el público español, asumiendo un protagonismo principal, lo vivió.

El disco va generando climas conforme a la irregular aparición de sus intérpretes. Da comienzo con tres temas cantados por Aute: Anda, De alguna manera y Las 4 y 10. En medio del alborozo de la multitud, irrumpe Silvio Rodríguez con esa conmovedora expresión de amor y vida que el dio por llamar ¿Qué hago ahora? (donde pongo lo hallado), continuando con Monólogo y El necio.

Después, otra vez Aute y después otra vez Rodríguez y de pronto Rabo de nube, otra de las bellezas del cubano, esta vez en la interpretación del español.

Así, casi sin darnos cuenta debemos cambiar de CD, como dar vuelta a un vinilo. Y entonces… “Hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma y es verdad porque el mío me lleva cada noche al hueco que te nombra”.

Una vez más, la presencia de Aute y Sin tu latido, después la de Rodríguez. Tema a tema, imposible descartar uno… Pequeña serenata diurna, Con un beso por fusil, Sueño con serpientes. Al final, Unicornio… Albanta… entrecruzando sus letras, sus melodías, jugando entre ellos dos para que una multitud aplauda, aplauda y no deje de aplaudir. Porque Madrid aquella noche de setiembre se llenó de cantos, y de esos cantos que conmueven, que llegan, que transmiten ese don que tienen aquellos que por algo están donde están: en el corazón de las gentes, transformando los aplausos masivos, anónimos y autómatas, en aplausos cómplices, intimistas, como a ellos dos siempre les ha gustado. España los unió, ellos se divirtieron, el público lo disfrutó.

 

Ficha técnica
Mano a mano fue grabado el 1° de marzo de 1994 con tomas del recital en la plaza de toros de Las Ventas (Madrid, España) el 24 de septiembre de 1993.
Fue mezclado en Eurosonic (Madrid) por José Luis Crespo, Gonzalo Lasheras y Suso Sainz.
Letra y música: Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute.
Coros y guitarra eléctrica: Alicia Alemán.
Bajo: Marcelo Fuentes.
Teclados: Luis Lozano.
Coros y guitarra acústica: Luis Mendo.
Guitarra eléctrica, acústica y dirección musical: Gonzalo Lasheras.
Guitarra acústica, española y percusión accidental: Suso Sainz.
Batería: Vicente Climent
Agradecimientos: Gracias a Fernando Delgadillo por sus coros espontáneos y muy especiales a Lidia por sus imprescindibles sombreros bajo la luna de San Miguel que bañaba la ruta del arca perdida o, tal vez, el camino de Albanta por donde pudo perderse el Unicornio Azul. (Luis Eduardo Aute).
A Maritchu: por duenda apuntaladora por este bexo de sombreros. A los músicos de Eduardo por ser tan buenas gentes como buenos músicos. (Silvio Rodríguez).

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