Locomotora Oliveras: la fuerza detrás de los sueños


Alejandra  Oliveras es además de multicampeona mundial de boxeo, una fuerza de la naturaleza. En una charla mano a mano con Nosotros, nos cuenta sobre sus sueños, proyectos y su vida.

Textos. Romina Santopietro. Fotos. Gentileza.

Alejandra Oliveras adoptó a Santa Fe y a Santo Tomé como terruño del corazón. Nacida en Jujuy, vivió en Córdoba, viajó a defender sus títulos por el mundo, pero se afincó en el litoral para hacerlo su hogar. Desde aquí proyecta su vida y su futuro, y de todo eso habló en esta entrevista.

La Locomotora es una mujer que se hizo a sí misma. Se reconoció fuerte, con ganas y con garra, y desde la adolescencia se dedicó a perseguir y a conquistar sus sueños. Esos sueños son el combustible de sus proyectos. Amante apasionada de la vida, inquieta y alegre, no para en el empeño de hacer cosas para la comunidad que eligió como propia.

-¿Quién te puso el mote de Locomotora?

-Yo misma. Cuando estaba entrenando para mi primera pelea amateur me veían y decían que parecía un auto chocador… ¡Y me querían poner auto chocador! Yo dije nooooo… Yo soy una Locomotora. Y así fue que me apodé yo sola como Locomotora. ¿Por qué? Porque voy para adelante, soy fuerte, soy de fierro. Soy la verdadera representación de un tren.

Asegura que le encanta hablar con la gente y con la prensa, porque considera que a través de los medios de comunicación, la gente la conoce. «El periodismo puede llegar al corazón de la gente».

Tiene una energía inagotable, por lo que al preguntarle cómo hace para cargar pilas, responde simplemente: «Entrenando. También me voy a algún camino de tierra, respiro, camino al sol… No tomo sol acostada, camino y tomo sol. Me conecto conmigo y con la naturaleza, no hay nada mejor, sabiendo que tal vez mañana puedo morir, no dejo de disfrutar cada día», explica.

«Tomo conciencia de que la vida es muy corta, que en cualquier momento nos podemos ir, y eso me pone los pies en la tierra. Le doy para adelante siempre, porque sabemos que somos humanos frágiles, y podemos morir en un momento», define Alejandra.

¿Se entrena todos los días sí o sí? Un sí categórico, inapelable. «Se entrena fuerte todos los días porque es mi fuente de poder, de amor, es lo que soy, entonces todos los días entreno. En entrenamiento es sagrado, no se suspende por nada. Por supuesto, están mis hijos, pero después, es mi prioridad. De todas maneras, entrenos todos os días con mis hijos, los invito a entrenar».

Este ritmo incesante a veces impone una necesidad de un parate. «En ese caso, cuando necesito desenchufarme y bajar un par de cambios, apago el teléfono, pongo música y procuro descansar. Pero si algo me preocupa, apago el teléfono, pongo música y entreno sola. Esa es otra forma de reconectarme conmigo». ¿Con qué música? «Todo tipo de música. Me gusta todo, la música de Rocky, infaltable, me gusta el rock, el tango, puede ser una cumbia, el cuarteto, los lentos… lo que sea. Me gusta la música que tenga fuerza, pero en general, escucho de todo. No hay música que no me guste».

-¿Te gusta bailar?

-Me encanta, pero bailo muy mal. -risas- ¡Imaginate que en el Bailando por un Sueño me sacaron enseguida! Igual yo no fui a ganar, fui para que me conozcan. Porque no me conocía nadie, lamentablemente. Era campeona del mundo y no me conocían en mi Argentina. Pero bailar me encanta. No lo hago bien, pero ¡me encanta!.

Desde 2010 vive en Santa Fe: «El amor de mi vida es Santa Fe. Acá me quedo. Traje a mis hijos a vivir acá. Ellos nacieron y se criaron en Córdoba, capital. Y ellos también se enamoraron de Santa Fe y Santo Tomé, sobre todo de la gente, de cómo les abrieron las puertas de sus corazones. Porque el santafesino tiene esta característica: te quiere o no te quiere. Pero no da vueltas. Y en ambos casos te lo hace saber. Mis alumnas, mis alumnos, mis amigos, la gente en general… Si no te quieren, no te aceptan nunca. Pero si te quieren, te abren las puertas de su corazón, te tienden la mano. Así que los tres estamos acá».

La fuerza de los sueños

Alejandra es referente indudable de fortaleza, disciplina y logros en el deporte. Garra, determinación, ejemplo, inspiración también son palabras que se relacionan con esta mujer. La parte intangible, lo esencial que es invisible a los ojos, se traducen en una sola palabra, que es su verdadero motor: sueños.

«Me defino como una soñadora desde que era una niña. Soy muy soñadora. Ese es el combustible atrás de todo. Porque atrás del sueño hay ganas, hay proyecto, una planificación para lograrlo. Uno tiene que luchar por sus sueños. Creo que todos nacemos soñadores. A veces te los rompen, te invaden los sueños y no te dejan cumplirlos. Pero está en cada uno la voluntad de seguir soñando. Yo creo que cuando alguien se queda sin sueños, esa persona se muere», reflexiona. Esa positividad y optimismo surgen también de la alegría que la impulsan. Siempre persigue sus metas, con la certeza de que pone el corazón en cada una.

-Solés decir que tu gran lucha es por lograr la igualdad. ¿Por qué es esa tu bandera?

-El tema de la igualdad. Descubrí que somos iguales cuando era chica. Yo trabajaba en el campo con mis hermanos. Somos siete, cuatro varones y tres mujeres, -y nosotras levantábamos las mismas bolsas de maní de 30 kilos como ellos. A los 10 años paleábamos camiones a la par de mis hermanos. ¡A veces abandonaban ellos y yo no! Ahí me di cuenta de que la mujer no es débil. Mi papá era camionero y cuando tenía alguna pelea, la que salía a defenderlo ¡era mi mamá! Y mi mamá los ca*#$& a trompadas a los camioneros. Y yo pensaba… «¿adónde está el sexo débil?». -risas- De esa manera descubrí que no existe el sexo débil. ¿Cómo mi mamá, siendo mujer, le daba una piña a un camionero y volaba? Lo viví también cuando sufrí violencia de género, cuando tuve que aprender a defenderme y pegarle a quien me pegaba. Peleo por la igualdad porque somos iguales. La mujer puede ser débil si quiere. Si no hace nada, si se queda quieta. Si no estudiás. Vos podés ser igual o superior a un hombre, siempre que te prepares y te entrenes. Creo que no existe la persona débil, existe la persona que no cree en sí misma. Yo lo hice. Igualé a Floyd Mayweather, ganando seis títulos mundiales de boxeo, algo que era solo para hombres, siendo mujer. Superé a todos los campeones del mundo en Argentina. Ninguno tiene seis títulos mundiales. Superé al número 1 del mundo libra por libra, Mayweather fue subiendo de peso y ganando campeonatos, pero él los ganó por puntos. Yo gané por KO. En fútbol, no es lo mismo ganar por goleada que ganar por penales. Bueno, en mi caso, sería ganar por goleada. La lucha por la igualdad sigue. Siguen habiendo femicidios, la mujer sigue sin confiar completamente en sí misma.

Alejandra sostiene que la mujer debe creer en su propia fuerza, y eso no implica llevar adelante una lucha contra el hombre. Sí pelear por que se reconozca la igualdad. «No podemos pelearnos entre nosotros. Nacemos de un hombre y una mujer. Tengo padre, tengo hermanos, mis hijos son hombres. Somos la raza humana. Sí debemos protegernos, cuidarnos, igualarnos. El día que haya igualdad también va a haber libertad», asegura.

«Sobre la igualdad, arriba del ring es tremendamente injusto. Lo dije siempre y lo voy a seguir diciendo, hasta que un día cambie. Una mujer puede ganar dos, tres ¡seis! campeonatos del mundo. Pero en dinero no gana nada, ni para una bicicleta. Cuando los hombres se hacen millonarios. Ganan millones de dólares. Hay una gran brecha entre el boxeo femenino y el masculino en la parte económica. Y en el reconocimiento también. Cuando hay un campeón del mundo, lo recibe el presidente. A mí no me recibió ni el gobernador. En el mundo pasa esto. Mi bandera es la igualdad. Nosotras valemos igual que los hombres, Somos las madres de todos los hombres y merecemos respeto, cariño y valor».

-¿Qué es lo que mueve tu sed de solidaridad?

-Creo que todos somos solidarios. A todos nos conmueve la falta del otro. Solo que no se enseña en la escuela. No se enseña a ayudar, a querer, a cuidar. Y eso es algo maravilloso. No hay mayor alegría que dar. Y cuando ves la sonrisa de la otra persona, ya está. No hay nada más, nadie quiere algo a cambio. Ese es el verdadero amor. Yo te quiero ver feliz. Eso es lo que transmite el Team Locomotora. Ayudarte, darle de comer a un niño, en los barrios, a un abuelo, regalarle una sonrisa. Repartimos comida, ropa, colchones, juguetes, golosinas, les enseñamos a los más chiquitos a lavarse los dientes, porque recorremos los barrios con un equipo de odontólogos. Todos deberíamos tener esa empatía de sufrir por los demás, y de dar un poquito, lo que se pueda, de lo que uno tiene, a la vida. Porque eso siempre vuelve. Y vuelve multiplicado.

Locomotora de civil

-¿Qué te hace reír?

-¡Los chiste verdes! -risas-. ¡Me encantan! Estar jugando con mis hijos… La misma vida me hace reír. Muchas veces, en lugar de enojarme me río. Cuando tengo un problema para buscarle la solución, trato de reírme. Es una actitud. Soy muy positiva y muy optimista.

-¿Qué sueños cumpliste?

-Casi todos. El sueño más grande de mi vida, a nivel deportivo, fue ser campeona del mundo. Gané seis campeonatos, tengo el récord Guinness, único en el mundo… Soy la única mujer en el mundo en ganar en diferentes categorías. Cuatro títulos mundiales y cuando cambié de peso, gané el quinto. Batí mi propio récord. Ahí lo igualé a Mayweather. En lo deportivo Dios me dio todo y mucho más. No creí que iba a soportar tanto sufrimiento, porque el boxeo es duro. Es entrenar hasta que no das más, es hacer dieta, no salir a ningún lado, perderme navidades sin mis hijos… y cuando no podés más, sentís que te morís, y ahí recibís golpes. No cualquiera puede ser boxeador. Se nace para ser campeón y yo tengo el privilegio de ser la única en el mundo en lograr tantos cinturones. Sentirme un referente para la mujer, para mostrarles a las chicas que pueden salir de la violencia… que no hay que estar en segundo plano. Siento que he logrado todo. Y ahora mi sueño es otro. Ahora mi suelo es ayudar a la gente, a que los barrios de Santa FE se pongan de pie. Quiero ayudar a los niños a salir de la droga, a las mujeres que tengan fuerza, a quien necesite trabajo, que lo consiga… Ayudar a cuidar la salud de la gente, con mi programa de Veo Santa Fe…

-Qué te gusta hacer de las tareas de tu casa?

-¡Me gusta comer! -risas- No me gusta cocinar, pero bueno, como me gusta comer, cocino. No me gusta limpiar, lavar la ropa, ¡nada de eso! No me gusta lavar los platos… no lo hago bien tampoco…. -más risas.

-¿Cómo sos como mamá?

-Tienen 24 y 27. Tengo muy buena relación con los dos. Nos tenemos mucho respeto. Trabajamos juntos en el gimnasio, ellos dan clases de boxeo, aeróbica, funcional. Los dos estudian, el más chico abogacía, el mayor administración de empresas. Saben que yo siempre estoy.

-¿Qué te hace feliz?

-Me hace feliz ayudar. Ver la sonrisa de una criatura, de un abuelo… me hace feliz llegar a un barrio y poder ayudar. Poder ayudar a que cambien la vida, a estar saludables… ¿Sabés la cantidad de chicos que sacamos de la droga? Y digo sacamos porque hay muchísima gente que me ayuda. Mis hijos, la gente q me rodea…. eso me hace muy feliz. Llegar a la gente desde mi trabajo, desde mi gimnasio y con el Team Locomotora, que ayuda de corazón.

-¿Cuáles son tus miedos?

-No tengo miedos. Creo que la muerte, que es uno de los miedos más comunes, es algo natural. Así que puedo decir que no tengo miedos. Quisiera cumplir todos mis sueños antes de irme, nada más. Sintiendo que cumplí. Que la vida valió la pena.

-Un día de civil, tenés que ir a hacer trámites, al súper, a una entrevista… ¿Jogguineta y zapas o vestidito y zapatitos coquetos?

-Risas y más risas- ¡Todo el año estoy igual! Es hora de que me ponga un par de zapatos… Voy a todos lados de zapatillas y calzas. Todo el año deportiva. A las citas, ¡también! Mis hijos se visten muy bien y me dicen «mamáaaa… ¿cuándo te vas a poner una pollera? ¿A los 80 años? ¡No seas troglodita, mamá!»- más risas. Según ellos estoy mal vestida. -siguen las risas.

-¿Te considerás una mujer romántica?

-¡Si! Me encantan los chocolates, que me regalen o regalar, las flores no tanto. Las canciones románticas me dan ataques de abrazar. -Risas- En el programa elongamos con temas lentos, entonces cuando ponen esa canciones, a la producción y a los técnicos los llamo para bailar. ¡No quieren! Pero yo los invito. -risas.

-Claro, sos una mujer intimidante.

-Me tienen pánico. No miedo. ¡Terror! -carcajadas- No sé por qué. -más risas. Si tienen miedo, tienen miedo ¡qué le voy a hacer!

-Cómo te encontró la pandemia y la cuarentena?

-Nunca estuve en cuarentena. Desde el momento que empezó todo me llamaron de los barrios vulnerables que no tenían alimentos, porque no podían salir a changuear. El primer barrio del que me llamaron fue Barranquitas. Un comedor que asistía a 200 personas y de golpe no podía hacerlo. Ahí armé el Team Locomotora, y buscando donaciones comenzamos a dar una mano. Llamé a mis alumnas, saqué un permiso en la municipalidad, porque era una emergencia alimentaria. Nunca estuve en mi casa encerrada. Publicamos en las redes, yo iba a buscar las donaciones, me dejaban la cajita afuera, y pasábamos a retirar y luego a repartir. Desde ese momento no paramos más.

Y desde ahí sigue la Locomotora, persiguiendo el sueño de ayudar, sin detenerse.

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