Los hábitos que hacen efectivos a los líderes


Mentalidad de la abundancia, primero comprender antes que ser comprendido, sinergia y renovación, son vitales para el éxito en el liderazgo.

Textos. Ps. Gustavo Giorgi. Ilustración. Soledad Grossi.

Existen distintos libros y autores de cabecera para aquellos que gusten de temas ligados a empresas. Uno de ellos es el afamado «7 hábitos de la gente altamente efectiva» de Steven Covey, publicado en 1989.

A la fecha, lleva vendidos algo así como 25 millones de copias y fue traducido a más de 50 idiomas (nota al margen: llama un poco mi atención la calificación que hace Wikipedia de la obra: Autoayuda. En fin…).

El caso es que luego de leerlo me pareció un completo fiasco. Lo consideré uno de esos tantos recetarios que intentan explicar de qué se tratan las relaciones humanas para luego encararlas de la manera… exitosa, podría decirse. Incluso, algunos párrafos llegaron a enojarme, cuando por ejemplo relataba el regreso de un padre a su domicilio, estando la casa hecha un desastre, su mujer e hijos a los gritos, etc., etc. Y en medio de ese caos, dice Covey que uno tiene dos caminos: el primero, sumarse al caos, por medio de reacciones intempestivas y el segundo, mirarlos con compasión (aquí estriba mi molestia), entenderlos y tener una reacción amorosa. Me choca profundamente este término también utilizado en mindfullness: compasión. Me sabe a mirar a los demás desde un escaloncito y por eso no me va.

Fuera de mis propias cuestiones y fantasmas, quiero también decir con el mismo nivel de convicción que, con el paso del tiempo, comencé a amigarme con el tan mentado librito de Covey. Más que nada con su idea fundamental de que debemos atravesar un camino, en el que el punto de partida es la Dependencia, luego la Independencia y finalizar con la Interdependencia. Esa sí me parece una excelente orientación para ir inyectando salud mental de forma progresiva a nuestras vidas.

Explico: se supone que nacemos en un ámbito en el que somos dependientes ciento por ciento de otro adulto. No hay dudas aquí: si no tenemos otro que nos alimente, vista y cuide, careceremos de posibilidades de supervivencia. El psicoanálisis agregaría: hace falta un sujeto que te hableame (el neologismo alude a que incorporarnos al mundo del lenguaje, a lo puramente humano, solo es posible si somos amados por otro.)

Luego, y aquí está un poco el carozo del asunto, lo deseable sería que uno pudiese ir cortando ese cordón y poder procurarse el sustento en todo sentido. Tomar decisiones propias y asumir sus consecuencias se enmarcaría también bajo esa luz. Covey dice que no es algo que hagamos todos. No todos damos ese paso y muchos se quedan en el primer estadio, no importando su edad biológica.

Detengámonos un poquito a pensar aquí en la cantidad de personas que viven echando culpas a otros y nunca alcanzan a ver su propia injerencia en el asunto. Dentro de la materia que justifica esta columna, el liderazgo, si un jefe se queja permanentemente de la escasa valía de sus colaboradores, la pregunta obligada es: «¿Y usted qué está haciendo para mejorarlos? ¿Los envía a cursos de capacitación? ¿Les procura tareas acordes con sus capacidades? ¿Los inspira con sus gestos, acciones y mensajes? ¿Los reconoce, buscando entusiasmarlos? ¿Les brinda autonomía, pilar de la motivación intrínseca?». Si la respuesta a la mayoría es «no», estamos en presencia de un líder en estado de dependencia, que no avanzó hacia la segunda etapa. Para lograrlo, debe triunfar en lo que denomina «Victoria Privada» compuesta por los hábitos de proactividad, comenzar con un fin en mente y realizar primero lo primero.

Finalmente, el punto de llegada es el de la Interdependencia, en el que, a posteriori de asumir cabalmente nuestro poder de autonomía, comprenderemos la importancia de contar con los demás y formar parte de un equipo. Puede verse aquí la condición clara: no puedo ser miembro de un equipo si antes no aprendí a tomar decisiones de manera autónoma. Brillante.

Podemos sumar en este punto que es imprescindible que, antes de existir acciones de equipo, debe haber una lógica colectiva. Primero el pensamiento común y luego, recién ahí, el comportamiento colaborativo.

Esta victoria pública se compone de los hábitos Pensar en Ganar/Ganar, primero comprender antes que ser comprendido, sinergia y renovación.

El primero de ellos responde a una mentalidad de abundancia, punto que desarrollaré debajo.

El segundo refiere a focalizar más en nuestra escucha que en la expresión de nuestros pensamientos. Y lo que podría ser una obviedad tiene consecuencias inimaginables en la gestión contemporánea de organizaciones. Marcos de trabajo como metodologías ágiles, design thinking, poner a las personas primero, la experiencia del usuario, ubicar al cliente en el centro incorporándolo desde el primer minuto del proyecto son consecuencias de la idea Coveyana. Hoy contamos con herramientas tales como el mapa de empatía o el frame Persona.

Acerca de la sinergia, quienes la vivimos entendemos claramente su potencia. Equipos capaces de resultados extraordinarios en los que trabajar junto a ellos es un placer. Esa dorada sensación de sentir que el tiempo vuela, y que los domingos nos genera ansiedad por volver… ¿ciencia ficción? No. Equipos de alto rendimiento compuestos por personas interdependientes a nivel emocional y racional.

Finalmente, el libro menciona el hábito de la renovación, graficado por la historia de un hachero que, por más brío que le pusiera a su faena, sucesivamente iba teniendo menos éxito, producto de que no paraba a sacarle filo a su instrumento de corte. De ahí en más la expresión «afilar el hacha» se ha convertido en un hermoso chiste para hacer ver a líderes que por más empeño que pongan en la operación diaria, si no se detienen a pensar cuestiones estratégicas sus resultados comenzarán a decaer poco a poco.

Mentalidad de Escasez vs Mentalidad de Abundancia

Debemos atribuir también a este autor estas ideas francamente iluminadoras. Veamos: hay dos chances de mirar el mundo, bajo una óptica de lo finito o desde el punto de vista ilimitado. Eso aplica a todo: capacidades, recursos, posibilidades.. propias y ajenas… Profundo, ¿no?

Así, dependerá de dónde nos ubiquemos lo que pensemos de nuestra realidad. El psicoanálisis le diría a esto «posicionamiento subjetivo».

Inmediatamente se me vienen a la cabeza las consecuencias de estar sentado en una u otra vereda. En el primer caso, tenemos empresarios que entienden a la competencia como una dinámica de destrucción al otro. Los que piensan en términos de amigo-enemigo y no ven nada bueno en la diferencia. Aquellos que ven el mundo bajo la mentalidad de escasez están convencidos que no solo la segregación del distinto es necesaria, sino también su destrucción.

Pensemos si la organización que nos aloja no fomenta con acciones estos pensamientos, porque lo que se realiza hacia afuera, luego se reproduce puertas adentro…

Palabras relacionadas a la mentalidad de escasez: avaricia, egoísmo, antagonismo, rivalidad, pensamiento binario, privilegio de lo mismo, conservadurismo, miedo y resistencia a los cambios, esclerosamiento.

Por otro lado, suponer que en el mundo «el sol sale para todos» implica la generosidad de compartir conocimiento y experiencias propias. Ver al proveedor como un socio clave en la cadena de valor y respetarlo, incluyendo sus costos y plazos. También es asumir que las exigencias de la sociedad y nuestros clientes son empujones capaces de hacernos mejores (no niego la molestia que nos genera una queja o reclamo, pero si nos quedamos en este punto, refunfuñando como nenes, no avanzaremos un solo casillero en el tablero del aprendizaje).

Tener mentalidad de abundancia nos permite ser felices, logrando una mejor convivencia con nuestras expectativas. Nos hace pacientes y nos enseña las virtudes de ir paso a paso disfrutando el camino. Nos deja aparte la envidia cuando al otro le va bien porque soy un convencido de que a mí también puede irme bien y que su éxito no implica mi fracaso. Por el contrario, si pienso de forma abundante, podré ver en qué es bueno. Qué hizo bien y aprovecharlo o qué hizo mal para no repetirlo.

No se trata de moral aquí. Tener mentalidad de abundancia es mil veces preferible a una mentalidad de escasez. Nos ayuda a confiar en los demás, apoyarnos en los otros, buscar y dar ayuda. Esta forma de ver la vida nos tranquiliza porque nos saca de la soberbia autosuficiente y nos muestra todas las redes y recursos con los que contamos. Está en nosotros servirnos de ellos.

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