Los primeros comedores escolares de la ciudad


A mediados de 1932 y durante la década del ’30, se divulgó una iniciativa pública en busca de la protección y la defensa de la infancia más vulnerable. La cuestión social que recogía las inquietudes de ciertos intelectuales estaba sumergida en la preocupación que despertaba el malestar general de las clases populares debido a los cambios ocurridos en la dinámica económica y social a comienzos del siglo XX.

TEXTOS. Mariano Rinaldi. FOTOS. Archivo El Litoral.

En 1948, los Derechos del Niño (proclamados por las Naciones Unidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos) transformaban radicalmente la situación de la infancia. En 1954, en nuestro país, el Poder Ejecutivo nacional llevó adelante un decreto en vista de una alimentación adecuada para los alumnos, bajo un carácter asistencial y educativo.

Sin embargo, durante la década del ´30, en Santa Fe y otras provincias del país surgieron una serie de comedores escolares sobre la base de un vínculo entre la sociedad civil y ciertas políticas públicas que encaminaron los desafíos de la presencia creciente de niños y una nueva concepción de la niñez.

En nuestra ciudad la escuela Juan J. Paso, en Boulevard Pellegrini y San Martín, fue el primer establecimiento educativo en inaugurar un comedor escolar. Las autoridades del Consejo de Educación provincial y la Comisión de la Sociedad Cooperadora de padres y maestros explicaban en una crónica periodística del diario El Litoral el trabajo de estos espacios: «destinan sus esfuerzos diarios en vincular la escuela al hogar»; a lo que se sumaba: «El comedor escolar no es un favor, es una manifestación de conciencia pública evolucionada».

José Babini, el presidente de la Sociedad Cooperadora, expresaba: «Se hace patria velando por el desarrollo de los niños. Nuestra actividad, nuestro compromiso, se comprende fácilmente, nuestros alumnos, son nuestros hijos». El diario El Litoral agregaba a este manifiesto: «Por el bien del individuo, de la sociedad y de la patria, sería ideal que esta iniciativa sea imitada por el resto de las escuelas del país».

Días después, la escuela «Arzeno» también inauguró su comedor escolar. Con la singularidad de que dicha instalación se llevó a cabo en el local del cuartel del Regimiento 12 de Infantería de Santa Fe y de acuerdo a las recomendaciones del Poder Ejecutivo nacional. Así, el Estado nacional incorporó el tema en su agenda a partir de la generación de políticas nacionales.

HIGIENE Y EDUCACIÓN

La relación entre medicina y educación se manifestó en los orígenes del sistema educativo argentino. La instrucción escolar debía estar acorde a la higiene posibilitando y señalando el crecimiento y la nutrición como uno de los núcleos básicos del desarrollo de la higiene escolar.

También en nuestro país la emergencia de los discursos referidos a la infancia tuvo un carácter político y ligado a la historia de la educación (aquella que sentó las bases para la educación obligatoria, común y gratuita con la ley nacional 1420). A partir de la década de los años ’20, la preocupación pública por la situación de los niños estuvo marcada por la cuestión social. El Estado recurrió, por un lado, a la obligatoriedad escolar y, por el otro, al encierro de los menores en instituciones correccionales.

En 1919, el Congreso de la Nación convirtió en ley el proyecto de Patronato Estatal de Menores que Luis Agote, diputado conservador por la provincia de Buenos Aires, había presentado a la Cámara de Diputados. A partir de ese momento, los jueces de los tribunales y correccionales de todo el país quedaron habilitados para suspender o quitar la patria potestad a los padres de los menores de 18 años cuando hubieran sido condenados por delitos graves o por delitos contra sus hijos y que comprometen su salud, moralidad y seguridad.

Los sociólogos Lucía Lionetti y Daniel Míguez en su libro «Aproximaciones iniciales a la infancia» nos proponen observar las categorías de niños/alumnos y menores como construcciones culturales. En ese sentido, podemos pensar, por un lado, los niños como aquellos que se encontraban contenidos dentro de un entorno familiar y escolar, por otro lado, los menores, es decir aquellos que por pobreza y marginalidad carecen de esa inserción social.

A medida que el siglo XX avanzaba y con ello el escenario de posguerra y entre-guerra, se plasmó un nuevo escenario. Por esos años se difundieron nuevas ideas sobre la nutrición que se insertaron en aquel proceso higienista que venía asentándose desde principios de siglo. En la década del ´30, ciertas políticas internacionales, llevadas adelante por el Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones, veía con preocupación las condiciones que reinaban en Europa, en donde la mortalidad infantil y la desnutrición se estaban convirtiendo en un severo problema social.

En 1928, en Buenos Aires, el Doctor Pedro Escudero organizó la Escuela Municipal de Dietistas y el curso Superior de médicos Dietólogos. A su vez, se buscó a través del sistema educativo divulgar los principios de una alimentación adecuada para el crecimiento infantil. En 1932, se diseñó una Cartilla Dietética que se distribuyó en todas las escuelas del país. Y en 1938, el Poder Ejecutivo de la Nación nacionalizó el Instituto del Doctor Escudero.

Ese mismo año, para organizar la asistencia de los alumnos, el Estado nacional creó la Comisión Nacional de Ayuda Escolar compuesta por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, el Presidente del Consejo Nacional de Educación y el Presidente del Departamento Nacional de Higiene.

Así, por estos años, se subvencionaron diferentes cooperadoras escolares, organizaciones constituidas por padres o vecinos, a la vez que se contribuye a la formación de estas entidades sociales. La escuela Juan José Passo y Arzeno en la ciudad de Santa Fe son dos claros ejemplos de dicha iniciativa nacional en sintonía con lo que sucedía en el mundo.

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