Mafalda hoy… “Consumo, con sumo cuidado”


Por Carlos Mario Peisojovich (el Peiso).

 

En las reseñas de mis sueños risueños siempre surgen recurrentes aquellos que tienen que ver con los papiros impresos… Ya sea en forma de libros, libritos, ilustraciones, fascículos, folletos, estampas, periódicos, diarios, hebdomadarios, sábanas y/o tabloides, suplementos, octavillas, poster desplegables y por supuesto REVISTAS.

 

Perdido o encontrado (según del lado en que se lo mire) en la Peisadilla se me apareció nuestra muy estimada y admirada Colo, “La Colo” Silvana Montemurri, espetándome “¿Adiviná quién viene a comer esta noche a casa?”. Yo imaginaba su roja cabellera cual Katharine Hepburn y la comicidad de su enorme talento de actriz e imitadora me llevó a pensar que a quien esperaba no era el negro Sidney Poitier, ya que como tan santafesina de raza… bah, no de raza, de pura cepa, siendo que “la Colo” es muy tatenga me imaginé que el invitado era el Negro Sauco… ¡Pufff! (clásica onomatopeya de comics, aquí llamados historietas) cosas que sólo suceden en las viñetas de mis sueños risueños. – “No Peiso, quién viene a cenar es Mafalda y su amiga Libertad, sin sopa mediante, además se quedan el finde largo a dormir y a ver la obra ‘(Esto no es) Calígula’ y reconocer recorriendo Santa Fe”.

 

 

En mi onírico recuerdo, reviso lo re-visto en las revistas, impregnadas en la memoria olfativa llegan perdurables e inspiradoras las palabras, deliciosas, inteligentes, inmortales y rabiosamente actuales. Deliciosos e inolvidables aromas… Sniff… aroma sí; no olor a archivo.

 

 

Este sueño remontaba La Peatonal, ahora remozada, remodelada, desmontada en obras por el Súper-prolífico Corral… José: ¡Cuántos corralitos por la ciudad que vos amas! Pero acordate: AMOR se escribe sin BACHE.

 

Rapté a Mafalda y ella se dejó; apartándola del grupo de La Colo, Libertad y Roberto Schneider, quienes se fueron a tomar unos cuantos lisos bien tirados… tomándose uno tras Otto. Paradojas de nuestra ciudad y su hermoso Boulevard (ahora castellanizado Bulevar): frente al busto de Otto Schneider está la Casa de la Cultura, la llamada ex Casa de los Gobernadores. Mafalda se sonrió y sorprendida caminamos hacia el Puente Colgante, curiosa y ansiosa por conocer nuestra historia; historia que según me contó reconocía por los relatos de José Saer y las imágenes de Fernando Birri.

 

Cuando la tarde se inclinó sonriente, y no sollozante, al occidente de la Setúbal, nuestro sol santafesino nos hizo coincidir juntos en una mesa adornada con tés de hierbas aromáticas y un par de lisos con ingredientes. Yo comía pororó, ella picoteaba pochoclo.

 

Santa Fe es mi país y son santafesinos quienes me atan a esta tierra que es mi lugar en el mundo. Precisamente fue el santafesino Miguél Brascó quien tras la negativa de otros medios de publicar a Mafalda, arguyendo que era un artilugio publicista (ahora PNT Publicidad no Tradicional, o en mi egotista afición a mí mismo es: Peiso No Traiciona cuando vende publicidad) ya que Mafalda había comenzado como un personaje para vender electrodomésticos.

 

Mafalda tuvo su lugar en “El Mundo” (Diario de Buenos Aires de 1928 al 1967) por cuyas páginas dejaron su impronta Roberto Arlt, Landrú, Sueiro y otros renombrados periodistas y creativos del periodismo argentino.

 

Nuestra charla nos dio alas, y esas alas nos llevaron a todo y a todos, y como dijo ella: “como siempre; apenas uno pone los pies sobre la tierra se acaba la diversión”.

La diversión, por divertida y diversa, fue nuestra charla que con gusto compartiremos en la próxima Peisadilla disfrazada de historieta.
Continuará…

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