Mina: misteriosa, indescifrable, genial


Italian showgirl Loretta Goggi imitating Italian-born Swiss singer Mina (Mina Anna Mazzini) in the TV variety show Canzonissima. Rome, 1972. (Photo by Mondadori Portfolio via Getty Images)

Paradójica e incomprensible, esta talentosa cantante italiana mantuvo durante toda su trayectoria su popularidad y prestigio, construyó una producción discográfica sin precedentes y cosechó a su paso el elogio de los grandes de la música.

Textos. Enrique Madeo.

Mina Anna Mazzini, Mina, no es más ni menos que «la cantante más famosa de Italia», y a este título, el cual le fue otorgado por la prensa y sus compatriotas desde hace varias décadas, lo sostiene quedándose en los primeros lugares de las listas musicales cada vez que lanza un disco.

No obstante, Mina está muy lejos de ser una artista convencional, pues hace algo más de cuarenta años que está alejada de los medios, residiendo en Suiza y no realiza apariciones públicas, entrevistas ni conciertos desde entonces.

Nació en Italia el 25 de marzo de 1940, y desde fines de los años cincuenta en adelante, siendo una adolescente, conmovió al mundo del espectáculo italiano. Sin lugar a dudas lo deslumbró con su virtuosismo interpretativo, pero además, por haber sido capaz de enfrentar pese a su juventud a la más conservadora sociedad italiana con su presencia en los escenarios, con su repertorio, y con una elección de vida que por aquellos tiempos resultaba, como mínimo, escandalosa.

Su primera incursión en el mundo de la canción fue en Pietrasanta, Italia, en un local llamado La Bussola, con la canción Un’anima pura. En aquel período, bajo la influencia del rock and roll que invadía Italia, grabó en inglés los sencillos Be Bop A Lula y When con el nombre artístico de Baby Gate.

En 1959 debutó en televisión, medio en el cual tuvo una importante gravitación, en el programa Il musichiere, cantando Nessuno.

Participó en el Festival de San Remo en las ediciones de 1960 y 1961 interpretando las canciones «È vero» y «Le mille bolle blu», sin haber obtenido premiatura alguna. Sin embargo, y en una de sus tantas actitudes de rebeldía, Mina escogía temas que habían pasado sin pena ni gloria por el festival y los transformaba en éxitos que superaban en popularidad y ventas a aquellos que habían ganado los primeros premios.

UNA CONSTANTE EN SU CARRERA: EL ESCÁNDALO

Uno de sus éxitos iniciales, Il cielo il una stanza, marcaría lo que sería una constante en su carrera: el escándalo. La interpretación del tema que claramente, alude a una relación sexual, y además interpretada, y de qué manera por una mujer, generó múltiples controversias hasta ser censurada. De ahí en adelante, Mina tuvo que enfrentarse a toda clase de sinsentidos, oprobios, acosos y persecuciones.

La siguiente polémica no se hizo esperar. A pesar de sus intentos por ocultar su embarazo, e incluso de irse al Reino Unido a dar a luz, en 1963, todos los periódicos se hicieron eco de la noticia: Mina estaba viviendo un romance con el actor Corrado Pani, del que había quedado embarazada. Se dio la circunstancia que Pani, por aquel entonces seguía casado, por mucho que de facto ya estuviera separado.

Se desató un verdadero infierno. La RAI le impuso un veto temporal de dos años. No obstante, la prohibición de aparecer en la televisión italiana fue levantada antes de lo previsto, debido a la presión del público que requería una y otra vez a su diva.

Tras el escándalo, en enero de 1964, Mina reapareció mutada, convertida en otra. Con el pelo teñido de platino, fumando, las cejas depiladas y un maquillaje exageradísimo más propio de una máscara teatral que de una diva pop. Volvió con un repertorio aún más sofisticado del habitual y profundizando su perfil transgresor, luciendo minifaldas, sin cejas y con acentuado maquillaje en sus enormes ojos. Mina ya había sentado las bases de la mascarada que la mantendría a salvo, misteriosa e indescifrable, hasta estos días.

UNA VOZ POPULAR

Durante las décadas del sesenta y setenta su popularidad creció vertiginosamente. Se convirtió, junto a Lucio Battisti, en una de las voces más populares de Italia.

Tuvo dos hijos: Massimiliano, en abril de 1963 y a Benedetta, en noviembre de 1971.

Fuera de su país se dio a conocer grabando canciones de los más grandes referentes de la música en distintos idiomas -inglés, alemán, español, portugués- y en los más variados género: baladas, boleros, rock and roll, jazz, bossa nova.

Además, fue protagonista de numerosísimas transmisiones de televisión como «Sentimentale», «Studio Uno», «Sabato Sera», «Canzonissima», «Teatro 10» y «Milleluci», donde en 1974 presentó con Raffaella Carrá su último programa nocturno.

En 1978 tuvo lugar su último concierto público en el teatro Bussoladomani, en Versilia, Italia, acompañada por la orquesta del bajista Bino Bresti.

Mina subió al escenario de ese agosto y ninguno de los presentes, ni siquiera sus músicos, sabían que estaban presenciando el último concierto de su carrera y la última interpretación de Ancora ancora ancora. Al finalizar presentó su renuncia a los medios y dijo: «¡Váyanse a la mierda!».

«Aquella madre soltera, Mina, la del escándalo a comienzos de los años 60, estaba reventada de los paparazzi, de tanto ruido popular, de tan insoportable persecución», reflexionó la periodista Rita Madaro, quien entrevistó a la cantante en su último concierto para la Radio Taranto, según recoge un artículo del periódico El Mundo. Madaro manifestó que la cantante le pidió no publicar gran parte de la entrevista, la que además, fue la última. Para Augusto Martelli, su ex colaborador, ella «logró al fin su libertad para hacer lo que quisiera: comer, engordar o enamorarse sin ser juzgada».

UNA NUEVA VIDA

Cansada de la presión de la fama, y sobre todo de los fotógrafos y reporteros que la acosaron desde los principios de su carrera, Mina optó por apartarse de ese «mundillo», recluyéndose en su círculo familiar y limitando su actividad como cantante a la grabación de discos, sin actuaciones en vivo.

Se trasladó entonces a Lugano, Suiza, donde armó su estudio de grabación y pidió la ciudadanía de ese país, la que obtuvo en 1989.

Resulta paradójico y hasta incomprensible pero la trayectoria de Mina ha sido así. Una primera etapa que con sus escandalosas interrupciones no llegó a veinte años, en la cual la cantante mantuvo ese ida y vuelta tan pasional generado en especial por los italianos. Y una segunda, que ha superado los cuarenta años, donde la ídola, recluida en su residencia en Suiza, sin aparecer, no solo ha mantenido su popularidad y prestigio, sino que los ha acrecentado con una producción discográfica sin precedentes y con elogiosas declaraciones de grandes de la música.

«Ella es la mejor cantante de raza blanca del planeta», dijo Louis Armstrong. «Si no tuviera mi voz, querría tener la de una joven cantante italiana llamada Mina», deseó Sarah Vaughan. «Mina es la más grande cantante que existe», sentenció Liza Minnelli.

Actualmente, sigue colocando sus creaciones en las listas de éxito sin necesidad de realizar giras promocionales.

De 1978 a 1995, Mina publicó un disco doble por año, dejándose ver en esas fastuosas portadas repletas de ironía. Desde la cabeza de un mono en la portada del álbum titulado Selfie, hasta esa en la que su cabeza aparece incrustada en el cuerpo de un culturista. Aquella otra en la que se convierte en Gioconda, o esa en la que enseña desafiante los dientes. Por no hablar de una en la que aparece obesa, quizás respondiendo con sorna a todas esas teorías que achacaban su encierro a un aumento de peso. O esa otra en la que aparece cual mujer barbuda en alusión clara a ese momento en el que se sintió más un monstruo de feria que una privilegiada cantante con una portentosa voz. «Parece que vienen a verme en lugar de escucharme, como lo haces con la mujer barbuda en el Luna Park».

Mina alternó versiones y canciones inéditas de cantautores italianos como Lucio Battisti, Adriano Celentano y Renato Zero, standares del jazz, clásicos del repertorio de «grosos» como Sinatra, Chico Buarque, Vinicius de Moraes, un tributo a The Beatles con una versión imperdible de Déjalo ser, El reloj de Roberto Cantoral y Uno, el tango de Mores y Discépolo.

En 1996 su producción comenzó a ralentizarse, hasta que el 2004 fue el primer año desde el inicio de su carrera en el que no editó ningún disco, recuperando un par de años después su ritmo de producción habitual.

En 2007 editó Todavía, con sus éxitos en español alternando con intérpretes como Joán Manuel Serrát, Diego Torres, Miguel Bosé, Chico Buarque, con quien se conoce desde los años sesenta y cantan «Valsinha», autoría de Chico. Se trata de un tema rebosante de melancolía y de complicidad entre los dos grandes artistas; el aporte flamenco lo da Diego El Cigala, con quien interpreta Un año de amor, y la presencia más curiosa es sin dudas la del argentino Javier Zanetti, histórico futbolista del Inter, que desempeña el papel de Alberto Lupo en el inolvidable «Parole parole».

En 2009 ha publicado el disco Sulla tua bocca lo dirò, donde se atreve a interpretar fragmentos de diversas óperas. En marzo del 2011, en ocasión del settantunesimo cumpleaños de la cantante, EMI ha publicado tres CDs por el mercado extranjero de Italia, titulándolos en inglés, francés y español, «I am», «Je suis», «Yo soy». En 2016, 18 años después de su último álbum en conjunto, Mina y Adriano Celentano estrenaron el disco «Le Migliori».

En los últimos años, es su hijo quien presenta los discos que ella sigue creando con asombrosa periodicidad y destacado talento.

En la actualidad, Mina vive con el cardiólogo Eugenio Quaini, su pareja desde 1981, con la que está casada desde 2006, es abuela y sigue, como siempre, ajena a un mundo cuyas leyes nunca fueron las suyas.

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