Padre de los piojos… abuelo de la nada


Veinte años, si, apenas veinte años, es en ese escaso lapso de tiempo en el que apareció, se desarrolló y extinguió la figura de uno de los hitos más enigmáticos de nuestra música popular, la de Miguel Abuelo. 

TEXTOS. Enrique Madeo.

Miguel Ángel Peralta, quien en la jerga popular fue por todos conocido como Miguel Abuelo, comenzó a dar sus primeros pasos por el tan apasionante «mundillo» de la música popular en la segunda parte de la década de los sesenta junto a Litto Nebbia, Pajarito Zaguri, Pipo Lernoud, Mauricio Moris Birabent y Javier Martínez entre otros. En 1968 así «como quien no quiere la cosa» y como casi todo lo que en su vida supo emprender, grabó como líder de Los Abuelos de la Nada su primer disco, falleciendo veinte años después, el 26 de marzo de 1988.

Tuvo una dura niñez. Cuando Virginia Peralta, su madre, dio a luz, tenía tuberculosis y pésimas condiciones económicas. Hijo de madre soltera, ni siquiera conoció a su padre. Por la enfermedad de su progenitora pasó sus primeros cinco años de vida en un orfanato, hasta que el director del establecimiento lo acogió en su casa. Recién a los 7 años, con su madre ya recuperada, fue a vivir a Munro, junto a ella y su hermana.

ARTE, BOXEO Y ROCK

Inquieto y callejero a los 9 años, empezó a incursionar en actividades artísticas. En un baldío de Gervasio Méndez e Yrigoyen, con sus amigos del barrio, armó un pequeño circo tomando cajones de manzana por asientos y un escenario con tablas improvisadas, entre otras actividades circenses, hacían pasar a un perrito por un aro de fuego. Dejó el colegio a los 13 años e irónicamente, comenzó a vincularse con la lectura. Recitaba de memoria a Hegel y a Nietzsche, descubriendo su pasión por la música gracias a su hermana.

Es en Colegiales, el club del barrio, donde descubrieron que Miguel tenía pasta para el boxeo. Así, a los 14 años, alternaba sus ratos libres con el box, en un club emblemático por el que pasaron pugilistas como Juan Ferreyro y Pedro Parada. «Ahí le enseñaron a boxear, en una veta poco conocida de su historia, participando de peleas oficiales, hasta que le hicieron «ver las estrellas sin telescopio», como él supo decir.

Poco a poco empezó a rondar los teatros de la calle Corrientes, y en la pensión Norte, lugar donde vivió un tiempo, conoció a Pajarito Zaguri, Pipo Lernoud y Mauricio Moris Birabentn, uniéndose después a Lito Nebbia, Tanguito y Javier Martínez, asiduos concurrentes a La Cueva, un bar-teatro de la calle Pueyrredón, participando en los largos «divagues» nocturnos que resultarían en definitivas, formadores del rock nacional.

UN CAMINO IMPROVISADO

Entre casuístico, anecdótico e improvisado, el camino de Miguel ya sea en su vida privada como en la artística se iba forjando.

Sus comienzos se remontan a la formación de Los Abuelos de la Nada. Tenía el nombre del grupo, inspirado en un fragmento de la obra de Leopoldo Marechal «El banquete de Severo Arcángelo» que decía: «Padre de los piojos, abuelo de la nada». Tenía fecha para grabar su primer simple, pero aún no tenía formado el grupo. Junto a Pipo Lernoud reclutó músicos para la formación en plaza Francia, lugar donde por aquellas épocas se juntaban talentosos jóvenes. La banda quedó conformada por Eduardo «Mayoneso» Fanacoa (teclados), Miky Lara (guitarra rítmica), Alberto «Abuelo» Lara (bajo) y Héctor «Pomo» Lorenzo (batería). Ante la falta de una guitarra líder, Claudio Gabis, recordado guitarrista de Manal, colaboraría con la grabación de la cara A del primer sencillo: «Diana divaga», mientras que en la cara B, «Tema en flu sobre el planeta», es Pappo quien ocupa dicho lugar. El sencillo publicado en 1968 tiene una fuerte influencia de la psicodelia reinante en esa época, la cual se mantuvo latente a lo largo de su carrera como solista.

En 1971, Pappo le propone adoptar el blues como estilo definido para la banda, pero su cabeza artística volaba por otros cielos. Disconforme con la propuesta, opta por cederle el liderazgo, y escapando del clima opresivo de la dictadura de Onganía imperante en esos momentos, decide buscar nuevos horizontes en Europa. Vivió en España, Inglaterra, Holanda, Bélgica y Francia. Conoció a la bailarina galesa Crisha Bogdan con quien se casó en una playa desierta. Miguel vistió solo un pantalón ajustado y un saco blanco; ella usó una frazada de crochet envuelta como si fuera un vestido. De esa relación nació en Londres, en 1972, su único hijo Gato Azul Peralta.

Fiel a sus convicciones no echó raíces en ningún lugar, pero es en Francia donde conoce al judeofrancés Moshé Naïm, productor, coleccionista de arte y mecenas. Naïm había quedado deslumbrado con Miguel y le propuso producir su carrera musical.

Miguel había generado una muy buena relación con el guitarrista Daniel Sbarra. Junto a él, más Pinfo Garriga, Diego Rodríguez, Carlos Peiris, Juan Dalera y Luis Montero formaron en 1973 Miguel Abuelo & Nada, también conocido como Miguel Abuelo Et Nada, Hijos de Nada o Nada. El grupo duró menos de un año. Sin embargo, fue el tiempo suficiente para que grabaran un álbum, Miguel Abuelo & Nada, el cual tendría un gran valor histórico y musical ya que fue una de las primeras incursiones de músicos latinoamericanos en el heavy metal. El álbum se lanzó en 1975, sólo para el mercado francés y en Argentina fue editado recién en 1999, lo que impidió a generaciones disfrutar de una verdadera banda de hard rock y heavy metal.

VUELO ARTÍSTICO

Vivió impensadas aventuras. Desde participar en un papel secundario del musical Hair en Barcelona, hasta conocer la cárcel de Ibiza. Estuvo preso después de que lo acusaran de un robo del que aparentemente no fue culpable, aunque terminó, en 1979 tras las rejas por indocumentado. Allí conoció al líder de una banda de delincuentes, al que halagó las sandalias que llevaba puesta. Cuando la banda consiguió irse de la prisión, el líder le había dejado sus sandalias en la celda, lo que inspiró a Miguel para escribir el poema «La fuga».

Una vez en libertad, se instaló en Ibiza, donde se encontraría con muchos músicos argentinos generando muy buenas relaciones con Miguel Cantilo, Kubero Díaz y especialmente con un joven bajista, Cachorro López.

Si bien en su liderazgo de Los Abuelos de la Nada ganó popularidad, como solista alcanzó un vuelo artístico inigualable, dando muestras de ello sus grabaciones.

Estos son algunos de los sencillos publicados: en 1969, «Oye niño» y «¿Nunca te miró una vaca de frente?»; al año siguiente, «Mariposas de madera», «Hoy seremos campesinos» y «La Balsa»; en 1984, «La mujer barbuda». En LP: participó en el compilado «Los Solistas de Mandioca», en 1970; «Miguel Abuelo & Nada», de 1975, al cual ya nos referimos.

En 1984 grabó «Buen día, día», ansiado proyecto que venía preparando desde un par de años atrás con la participación de casi todos los músicos que lo habían rodeado a lo largo de su carrera, toda una selección. Aquí Miguel graba un álbum ecléctico donde reúne al pop rock con el funk y otros ritmos. Entre los temas del álbum figura una versión del clásico del rock argentino «La balsa» -que ya había sido publicado en sencillo junto a «La mujer barbuda», más una de sus primeras canciones, «Mariposas de madera»- esta vez cantando junto a su hijo. El disco no tuvo demasiada repercusión, eclipsado por el éxito de Los Abuelos de la Nada; sin embargo, logró mantenerse a lo largo del tiempo como un clásico de su discografía. Participaron del LP treinta músicos. Además de casi todos los que fueron «abuelos» y su hijo, aparecen entre otros Miguel Cantilo, Bicho Casalla, Horacio Fontova, Ana & Isabel de la Pregné, Fito Páez, Piero De Benedictis, Diego Rapoport, Osvaldo Fattoruso y nuestro Carlos Johannas.

LA REFUNDACIÓN

Luego de casi una década en Europa, retornó al país casado y con un hijo. Fue entonces cuando con Los Abuelos de la Nada comenzó a tejer un verdadero lustro de oro, período que lo plasmará como uno de los mejores grupos del rock argentino.

Con Cachorro López comienzan la «refundación» de la banda. Andrés Calamaro llegó proveniente del grupo Raíces para hacerse cargo de los teclados, habiendo sido recomendado por Pipo Lernoud y Alejandro Lérner, quien había sido convocado para el puesto pero quería dedicarse a su carrera como solista. Miguel en realidad quería a Juan del Barrio, porque los unía una amistad, pero este estaba tocando con Spinetta Jade. El nuevo súper grupo se completó con un joven saxofonista que venía de tocar con Milton Nascimento, Daniel Melingo; Gustavo Bazterrica, guitarrista de La Máquina de hacer Pájaros y Spinetta; y el baterista Polo Corbella. Se presentaron en diversos escenarios como el Festival Expresiones Vivas de la revista Pan Caliente y en el IV B.A. Rock. En 1981 grabaron unos demos logrando una constante difusión en los medios. Ese mismo año editan los simples «Guindilla ardiente» y «Mundos in mundos».

Charly García les produce su primer LP, «Los Abuelos de la Nada» el cual es presentado en octubre de 1982 en el Teatro Coliseo, destacándose «Sin gamulán» de Calamaro, y «No te enamores nunca de aquel marinero bengalí» -el favorito de los difusores- compuesto por Abuelo, Cachorro López, Bazterrica y Calamaro. Participaron como invitados Nito Mestre en voz en «No te enamores nunca de aquel marinero bengalí» y Charly García sintetizador y coros en «En la cama o en el suelo» y «No te enamores nunca de aquel marinero bengalí», y piano acústico en «Como debo andar».

Charly realizó la presentación de su disco Yendo de la Cama al Living en Ferro, en diciembre de ese mismo año, y Los Abuelos de la Nada junto a Suéter lo telonearon. En junio de 1983 realizan el primer recital en Obras Sanitarias junto al salsero Ruben Blades. Hacia el fin de año editan Vasos y Besos presentándose en el estadio de Vélez Sársfield el 30 de diciembre con el show Descorchando el ’84 consolidándose la consagración definitiva del grupo. Curiosamente, el álbum no contenía la canción «Vasos y besos» entre la lista de temas. En el trabajo, las composiciones de Miguel toman un lugar de privilegio. Grandes poesías como «Yo soy tu bandera» y «Espía de Dios» son muestras de ello. Además, incluye otra de sus composiciones y que formaba parte de los primeros demos, «Mundo sin mundos». Junto a «Cucarachón de tribunal», toda una curiosidad, autoría de Gustavo Bazterrica, más dos grandes éxitos, «Mil horas» y «No se desesperen», Los Abuelos de la Nada lograron un álbum exitoso que captó al público joven, los acercó al público masivo con las composiciones de Calamaro, sin perder la calidad que caracterizó siempre a la banda y en especial a la obra de Miguel Abuelo. Después de llenar dos veces el Luna Park viajan a Ibiza, donde graban su tercera placa Himno de mi Corazón, publicado en octubre de 1984. La grabación se comenzó con la ausencia de Bazterrica cubriendo su lugar Kubero Díaz. Musicalmente este trabajo marca una madurez artística en los Abuelos.

Gringui Herrera compuso «En línea» que se convirtió en un clásico. Cachorro colaboró con un tema que no tardó en convertirse en un clásico: «Lunes por la madrugada». Gustavo Bazterrica, pese a llegar a último momento a Ibiza, logró grabar dos de sus temas «Menage a trois» y «La fórmula del éxito». Pero sin lugar a dudas, el momento cumbre del álbum es la canción que le da título, una poesía que Miguel había dedicado a quien por ese entonces era su novia. El disco fue presentado en noviembre de ese año con 4 funciones en el teatro Coliseo, participando como invitados Kubero Díaz, guitarra eléctrica y coros en todas las canciones menos en «Menage a trois» y «La fórmula del éxito» y Nito Mestre, coros en «Himno de mi corazón».

Tras una infinidad de recitales brindados, planean para 1985 la grabación de su primer disco en vivo. Sobre la marcha del proyecto, el grupo sufre la baja de Gustavo Bazterrica, quien es reemplazado por Gringui Herrera. Con él, la agrupación graba en junio su cuarto long play titulado Los Abuelos en el Ópera. Además de servir como repaso de sus clásicos, el álbum cuenta con dos nuevas canciones que rápidamente se convertirían en éxitos: «Zig-Zag», otro aporte de la pluma de Miguel con música de Cachorro, y «Costumbres argentinas «, autoría de Andrés Calamaro. Lucen como invitados Daniel Melingo (voz principal y coros, guitarra rítmica, saxofón y coros); Alfredo Desiata (saxofón); Juan del Barrio (sintetizadores y secuenciador); Gringui Herrera (guitarra principal). En octubre participan del primer y polémico Festival Rock & Pop en el Estadio de Vélez Sarsfield junto a Charly García, Fito Páez, Zas, Git, Virus, Sumo, Juan Carlos Baglietto, Nina Hagen e INXS entre otros. La lluvia, precedida por granizo, el intenso barro, los defectos de sonido y la mala organización contribuyeron en el fastidio del público que llegó a su punto máximo cuando una botella de vidrio impactó en la cara de Miguel, quien terminó cantando «Himno de mi corazón» con la cara ensangrentada. A partir de ese recital, la banda comenzaría entonces a transitar un camino denso y sinuoso para su historia. A fines de 1985 se despiden de la banda Andrés Calamaro, Cachorro López y Herrera.

COMENZAR DE CERO, UNA VEZ MÁS

En marzo de 1986, Miguel supo que debía comenzar de cero una vez más y convocó a su amigo Kubero Díaz y a su sobrino Marcelo «Chocolate» Fogo. Junto a ellos más Juan del Barrio y Polo Corbella comienza a grabar desde julio las nuevas canciones que formarían parte del último álbum del grupo: Cosas mías. Para el mes de octubre ya estaba a la venta, siendo el tema «Cosas mías» el último gran éxito del grupo y de Miguel. Lo presentan oficialmente en diciembre en el Teatro Ópera, pero al no obtener la repercusión deseada deciden durante el verano de 1987 traspasar las fronteras y probar en Sudamérica: realizan una gira que incluyó Uruguay, Perú y Paraguay y la encararon junto al saxofonista Willy Crook. Promediando el año, el baterista Polo Corbella el único que se mantenía en el grupo junto a Miguel desde 1981, se retira de la actividad y es reemplazado por el ex-Suéter Pato Loza, mientras que Jorge Polanuer reemplaza a Willy Crook en el saxo. Como con la ida de Polo Corbella ya no quedaba ningún integrante de la primera formación de principios de los 80, decide rebautizar la banda, que pasa a llamarse Miguel Abuelo en Banda. Realizan una gira por toda Argentina. Ante la escasa repercusión obtenida y su delicado estado de salud, decide poner fin al grupo a principios de 1988.

EL PALADÍN DE LA LIBERTAD

Su salud se deterioraba día a día pero era demasiado temprano, era demasiado joven. Tenía apenas 41 años cuando fue internado en la clínica Bazterrica con un cuadro de fiebre alta, en febrero de 1988. Había pasado una semana y seguía teniendo más de 40 grados de temperatura. Se había sometido a estudios de sangre bajo la supervisión de los médicos de SADAIC, pero fue dado rápidamente de alta. Nunca le dijeron qué le estaba pasando. Tuvo que hacer reposo, mientras sus amigos y familiares hicieron otras consultas para enterarse finalmente de la enfermedad que lo acechaba. Su muerte se debió a una infección, que comenzó localizada, y luego se extendió por todo su cuerpo. Solo cinco días después de cumplir 42 años, el 26 de marzo de 1988 Miguel Abuelo falleció en la clínica Independencia de la localidad de Munro, tras una operación de vesícula llevada a cabo unos días antes. El Dr. Héctor Pérez aclaró las dudas respecto a su doloroso deceso, afirmando que dicha infección en la vesícula biliar fue causante de otra infección generalizada que lo llevaría a su muerte. Según sus familiares, Miguel fue cremado y sus cenizas tiradas al mar, en Mar del Plata, por su hijo Gato Azul y su sobrino Chocolate Fogo, quienes cumplieron así con su voluntad.

En su memoria en CABA, en la Avenida Santa Fe, hay una plazoleta llamada «Plazoleta Miguel Abuelo», en honor a su vida y trabajo como artista, justo en la salida de las estaciones de tren y la de subte Carranza de la línea D. El periodista musical Juanjo Carmona escribió en 2005 «El paladín de la libertad», una biografía dedicada a su memoria. Andrés Calamaro le dedicó el tema «Con Abuelo», en su disco «Honestidad brutal». Ricardo Iorio incluyó «Mariposas de madera» de Miguel en su debut solista «Ayer deseo, hoy realidad» de 2008; el tema también fue interpretado por Luis Alberto Spinetta en el recital de Las Bandas Eternas, ofrecido en 2009, e incluida en el disco triple que recoge ese show, editado en 2010; «Quiero Ser Abuelo», tributo en línea y gratuito a Miguel Abuelo y sus Abuelos de la Nada con 100 bandas haciendo sus temas. El 7 de noviembre de 2018 la orquesta nacional de música argentina Juan de Dios Filiberto, acompañada por las voces de Gabo Ferro, Micaela Vita y Pipo Lernoud y con arreglos de Juan «Pollo» Raffo, le brinda un homenaje en la Sala Sinfónica conocida como «La Ballena Azul» del Centro Cultural Kirchner.

Sin dudas, Miguel Abuelo ha sido uno de los personajes más polifacéticos y controvertidos que se pueda encontrar en la historia de nuestra música popular. En un instante convertía su imagen de niño tierno en la de un duro peleador y en defensa de sus ideales, enarbolando como el máximo de ellos a la libertad, mantuvo a lo largo de toda su carrera serios enfrentamientos con sus pares, con Pappo Napolitano, con Daniel Sbarra, con Charly García, con Gustavo Bazterrica. Sin embargo, todos los que compartieron un escenario con él, han manifestado con orgullo, como la historia de nuestra música lo ha marcado, ser «uno de los abuelos».

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