Presupuestos: futurología numérica creativa


Por Euge Román


Hace ya un tiempo que quiero hacer esta columna hablando sobre presupuestos, una especie de descargo público necesario que por falta de tiempo o de ganas lo vengo pateando, una columna de opinión personal pero sin reservas; sobre un tema que nos involucra a todos en los tiempos que corren.


Todos los que contratamos algo queremos saber el número, saber cuánto antes de saber cuándo, quién y cómo. Sin ir más lejos hace unos días una amiga me cuenta que los miles de comentarios de un post sobre bótox eran repetitivos: ¿cuánto? ¿Precio?, cuando lo ideal sería querer saber en que consiste la práctica o el material que utilizan, ¿no?


El tema presupuestos es mi talón de Aquiles, y trato de confesar eso en la reunión número uno. La semana pasada en una reunión de amigos del rubro charlamos sobre los presupuestos y los clientes (porque eso hacemos en las peñas, seguimos hablando de laburo), yo tratando de explicar porque mi pre-suposición de costos y valores es tan variable como relativa y del otro lado una resistencia a comprender que no siempre 2+2 es 4.

Posterior a eso tuve una reunión donde -no es la primera vez- el cliente pensó que mi demora en enviar el presupuesto se debe a que no me interesa hacer el evento, nada más lejos de la realidad. Acto seguido, me entero que colegas hablan sobre mis costos y mis presupuestos como si conocieran una cosa u otra, como si me conocieran.


Bueno, vayamos al punto: presupuestos. En mi rubro, en mi caso personal, yo no copio y pego. Leo y releo cada cosa que anoto en cada reunión, se por qué pongo algo en mayúsculas, porque encierro esa palabra con círculos, por qué hago notas al margen, conozco los códigos de mis machetes escritos a mano de forma rápida; cierro los ojos, trato de imaginar, tomo medidas, vuelvo a leer, veo referencias (de otros países), intento visualizar ese lugar en ese momento y espacio con ese estilo para ese cliente, hago listas, trato de detallar lo mejor posible y todo esto busco de hacerlo en una atmósfera agradable (desde poner música, hacer mate, encender sahumerios, y que todo alrededor esté medianamente ordenado, caso contrario me es imposible la concentración/imaginación), sabiendo que todo eso que escribo es difícil que luego quien lo lea interprete al detalle, sabiendo que muy probablemente la persona comience de abajo hacia arriba, del número a los detalles: hago esto mismo hace más de 14 años.

Luego, debo estimar costos. ¡Sí! Estimar costos a veces hasta con dos años de anticipación en esta Argentina en la que sabemos el valor del combustible hoy pero Dios sabe cuánto costará en 10 días… Y reto a cualquiera que diga que actualicé alguna vez un presupuesto.

Ahora bien, a esto se suma que no hay ecuación repetitiva, al menos no en mi caso, no es lo mismo un evento de día o de noche, en interior o exterior, en verano o invierno, para 100 o para 500 personas, cerca del Día de la Madre, de la Mujer, de los Enamorados… cada cosa es relativa en mi rubro, tan relativa como el valor final. Y ahí sigo yo frente a mi notebook, teniendo que ser futuróloga y creativa. Además de eso tengo otro defecto, me aburro fácil si hago algo de forma repetitiva, entonces decido que siempre debo hacer algo diferente. Imaginen que si copiara y pegara o si repitiera siempre lo mismo, ni siquiera estaríamos hablando de esto ahora.


En todo este proceso, hay algo que también podrán dar fe y es que nunca se me pasó por la cabeza hablar del valor de los demás, nunca necesité hablar del costo o del presupuesto de un colega; basta con hacer o tratar de hacer bien mi parte/mi trabajo, y cuando preguntan siempre respondo lo mismo: cada uno sabe lo que vale lo que hace y lo que vale lo que hace, para hacer lo que hace (¿se entiende o lo explico?)


Siempre soy sincera diciendo que detesto presupuestar, porque es eso…. un supuesto de algo que no sabemos si llegado el día tendrá ese valor, o ese costo; y no es una tarea que se pueda delegar porque justamente lo que lo hace especial y personal es que yo y solo yo recuerdo la cara con la que Vale me dijo que era skater con orgullo y a 10 días de su cumple cambiamos la ambientación completa.


Dentro de esa presuposición de costos también está la presuposición del valor, que no es lo mismo. El valor de un trabajo de ambientación va más allá de lo materializado, no es un jean que sabés los metros de tela, los insumos y la mano de obra sumado al margen de ganancia. El valor de mi trabajo es intangible y está compuesto de todas esas áreas que uno va cubriendo a medida que lo hace, porque ofrezco soluciones, no problemas. Es lo que yo y solo yo sé que dejo de mí en cada evento. Desde el cuerpo felizmente roto por buscar incansablemente la cara de felicidad de quien dejó en mis manos y en mi cabeza uno de los días más importantes en su vida, hasta el lograr un agradable y satisfactorio trabajo de equipo donde todos puedan sentirse parte feliz.


Este tema puede llevarnos horas, días de debate, muchas columnas y muchas opiniones, y como esta es una columna más personal que todas las demás puedo decirles que, en mi caso en particular, representa algunas veces un factor de estrés, es la única parte de mi trabajo que no me gusta y me ha llevado al punto de comenzar un taller para poder estimar costos y ser lo más efectiva y realista posible.

Créanme, para alguien a quien le gusta la variabilidad y el arte, lo imposible hecho posible, lo subjetivo y lo creativo, hablar de costos y números es una tarea más que difícil.

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