Qué hacer con el vestido de novia


Es una prenda especial, que emana magia y encanto, que fue soñado, imaginado y pensado con mucha ilusión. ¿Qué hacer con él luego del casamiento?
Textos. Nadia Novillo.

Un clásico que suele aparecer en las organizaciones de placares, vestidores o incluso bauleras es la caja con el famoso vestido de novia y junto con él la típica pregunta: ¿Qué debemos hacer con este recuerdo de boda?


Nadie puede negar que el vestido de novia es una prenda especial, que emana magia y encanto, que fue soñado, imaginado y pensado con mucha ilusión.


La tradición, el mandato social y familiar de alguna manera nos impone y sugiere que debemos guardarlo y conservarlo para siempre, del mismo modo que expresamos “Si, quiero” y juramos que será para toda la vida.


Adivino que los más conservadores juzgarían que estamos tirando el matrimonio por la borda si quisiéramos desprendernos del vestido.


Muchas mujeres deciden conservarlo con el anhelo y la fantasía de que pueda ser usado por una futura hija, sobrina, nuera o por una nieta. Es improbable que esto suceda ya que no podemos hacer futurología y una vez más caeríamos presos en las redes del “por las dudas” guardando durante años un vestido que quizás a nadie le sirva, guste o interese usar.


Lo cierto es que hay géneros que -más allá de nuestra buena predisposición e intención de extremar los cuidados para mantenerlos y preservarlos impecables envueltos en papel de seda- inevitablemente se deterioran o toman un color amarillento con el paso del tiempo.


Es válido y respetable el sentimiento de apego y la decisión de aquellas mujeres que desean conservarlo para siempre como si fuera un tesoro o un objeto preciado.

Esta claro también que para esas “novias fugitivas” que rompieron un compromiso, suspendieron un casamiento, se separaron o divorciaron, el mejor consejo es, sin dudas, que se deshagan de esa pieza.


Pero hay otras tantas mujeres que pasada la ceremonia y fiesta de bodas se cuestionan qué hacer con el vestido.


Lo ideal es enviarlo a la tintorería para una limpieza adecuada. Si los novios parten de viaje de Luna de Miel, es recomendable dejarle encargada esta tarea a algún familiar ya que no es aconsejable que quede sucio durante muchos días ya que después será más complicado desmanchar y limpiar.


Luego tenemos varias alternativas de usos y destinos posibles:

  • Hay una tendencia que está muy en auge, se trata de hacer una sesión “Trash the dress”. Al regreso del viaje de boda, se hace una sesión de fotos en la que se tira el vestido de novia por la ventana, en la que no importa el estado en el que quede el vestido al finalizar la toma de las imágenes, en las que el escenario puede ser una playa, donde los novios caminan por la orilla y se meten al mar, corren por un campo, andan a caballo, caen en una piscina, o juegan con polvos de colores holi, son sesiones divertidas en las que se logran capturas vistosas y originales.
  • El vestido puede guardarse con la intención de volver a ser usado en cada aniversario o con el anhelo de tener una segunda oportunidad de lucirlo si se fantasea con renovar los votos al cumplir una cantidad determinada de años de casados.
  • Existe la posibilidad de reciclarlo y reversionarlo para ser usado en otra ocasión, como ser Año Nuevo o fiestas donde el dress code sea total white o cualquier evento. Esto depende mucho del estilo, modelo, diseño y género del vestido.
  • La pareja puede volver a llevar vestido y traje de bodas en alguna fiesta de disfraces o vintage, o incluso en algún acto del colegio de los chicos.
  • Donarlo a alguien que no esta en condiciones de afrontar el gasto de un nuevo vestido para que pueda modificarlo y reutilizarlo.
  • Regalarlo a una prima, hermana, amiga para quien representa un valor sentimental. Puede adaptarlo y llevarlo con alegría y orgullo.
  • Entregarlo en consignación a una casa de vestidos de alquiler.
  • Venderlo en forma particular o a través de quienes se dedican a vender vestidos de novia usados.

Considero que tanto para el vestido de novia -que en ocasiones suele ser más de uno, ya que se acostumbra a usar uno para la ceremonia civil, otro para la celebración religiosa y hasta un tercero para el baile- el de los 15 años, el de la recepción, el de madrina, el de testigo y todas aquellas prendas de fiesta que sabemos que no volveremos a usar el destino más lógico que podemos darle es donarlo, regalarlo o venderlo.


Personalmente creo que el mejor recuerdo de mi boda y de aquella noche de fiesta mágica son las fotos y el video, me encanto mi vestido y zapatos, estoy felizmente casada pero no guardo ningún sentimiento de apego, ni me aferro a objetos materiales, al contrario, me apena mantenerlos en una caja donde quedarán añejos y olvidados, sintiendo que existe la posibilidad de que alguien pueda volver a darle brillo y glamour luciéndolos, dándole vida una vez más.

El Dato

Si bien en otros países, como Estados Unidos y Europa, ya está instalada esta idea y es una práctica común y habitual alquilar el vestido de novia, el de las damas de honor y el cortejo, o comprarlo en una casa vintage o feria de usados, acá esta es una tendencia que se comienza a imponer tímidamente.

Tengo el privilegio de compartirles un súper “datazo”, abre sus puertas en Santa Fe, el showroom Novia Americana, un lugar donde futuras novias podrán encontrar el vestido de sus sueños a un valor accesible y razonable y donde quienes ya dieron el “Si” podrán llevar su vestido para ser vendido.

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