Retratos de la ciudad invisible


15032022 miguel angel dalla fontana escritor revista nosotros

Para dar vida a su último libro el periodista Miguel Ángel Dalla Fontana se adentró en el noroeste santafesino en busca de la historia y la identidad de sus barrios y su gente.

TEXTOS. Marina Zavala. FOTOS. Flavio Raina y Sofía Córdoba.

Miguel Ángel Dalla Fontana es maestro mayor de obras, pero siendo muy joven participó de distintos talleres literarios en la Biblioteca Moreno, con Edgardo Pesante y Miguel Ángel Zanelli, dos referentes. Su inclinación a escribir se mantuvo a través del tiempo y más tarde, cuando ya tenía 40 años, lo llevó a estudiar comunicación social en el Instituto 12.

En plena carrera, y a partir de una tarea escolar que tenían que hacer sus hijas sobre el barrio Candioti Sur, surgió una inquietud que marcaría todo su trabajo. «No había información -recuerda- ¿Cómo puede ser que no haya nada sobre un barrio con más de 100 años de historia? Decidí hacer un trabajo de investigación para ponerme a prueba y averigüé sobre la endogamia de las familias que llegaron y se instalaron en la zona».

Así comenzó un camino que nunca abandonaría, el de indagar sobre la historia de los barrios santafesinos, su identidad y sus vecinos. De su trabajo, su pasión por investigar y escribir, y de su último libro charló con Nosotros en esta entrevista.

UN PUNTO DE PARTIDA

Esa primera investigación, sobre Candioti Sur, abrió las puertas para adentrarse en una de las instituciones más antiguas del barrio, la de la parroquia San Juan Bautista. De allí surgieron sus dos primeros libros: «Historia de la parroquia San Juan Bautista» (1999) y «Memorias del barrio Candioti Sur» (2000).

«Siempre la cuestión social me generó grandes signos de pregunta. La investigación te da la posibilidad de abrir los campos y ver cómo se trazó la ciudad, cómo llegaron los inmigrantes, cómo crecieron las instituciones…», explica Dalla Fontana.

En las presentaciones de sus primeras publicaciones los mismos vecinos se le acercaban a sugerir nuevos barrios. «Fue el punto de partida para poder desarrollar la historia menuda de nuestros barrios que no existía. Así surgieron los próximos libros sobre Candioti Norte, Sargento Cabral, La Lona, Monte Chañar. Después me fui hasta Roma -un barrio muy antiguo que surge de la inmigración de italianos del sur de Italia- Constituyentes, María Selva, Belgrano».

Más tarde realizó dos videos para el Centro Comercial y publicaciones para El Litoral sobre la historia del comercio santafesino. Luego escribió «Santa Fe, la ciudad detrás de la historia»: «Me di ese gusto, leí a distintos escritores, con distintas miradas sobre Santa Fe y a aquellos que pasaron por la ciudad y dijeron algo a través de la poesía, del cuento, de la novela, del canto, del teatro. Así que el libro está armado con 67 dibujos y pinturas, acompañados de tres intertextos», repasa.

Más tarde llegó el turno de adentrarse en Alto Verde y la idiosincrasia de los isleros: «Me interesaba entender por qué teniendo tantas inundaciones ellos no se fueron de su pago. Quería encontrar esa identidad que los marca y los mantiene en su lugar».

Ya en 2020 se corrió al centro de la ciudad para meterse de lleno en el barrio 9 de Julio, sus instituciones y sus espacios característicos como el Jardín Botánico y el Parque Federal.

BARRIOS OLVIDADOS

Actualmente Miguel Ángel trabaja en la publicación de su próximo libro, que verá la luz este año. En esta oportunidad su objetivo se concentró en visibilizar los barrios del noroeste de la ciudad. «Hay una deuda pendiente desde la mirada del ciudadano hacia una zona que está casi olvidada, por eso el prólogo se llama La ciudad invisible», destaca.

Tomó la zona delimitada entre el hipódromo hasta la cárcel, hacia el este y el oeste de la columna vertebral que es la avenida Blas Parera. En total son 15 barrios que forman parte de lo que fue la Colonia Piquete.

La historia empieza a desarrollarse desde 1860 cuando, después de la Constitución de 1853, el gobierno de la provincia decide crear dos nuevas colonias: Piquete (1860) y Guadalupe (1863). A partir de ese entonces comienzan a formarse mojones como el matadero privado, que luego pasaría a manos municipales, y la estación Las Flores en 1885, con el fin de sacar la producción de Las Colonias hacia el viejo puerto de Colastiné.

«Fue un trabajo muy amplio, me siento muy reconfortado porque en esto uno se termina enriqueciendo y cultivando, y porque esto va a servir para la ciudadanía en general y también para las escuelas», resume el autor.

Poesías de Luis Gudiño Kramer y Pablo Casal, además de dibujos e ilustraciones, enriquecen y refrescan el libro con referencias a los protagonistas y personajes de los barrios.

EXPLORAR, DESCUBRIR, INVESTIGAR

«No soy solo una rata de biblioteca -aclara Miguel Ángel- primero necesito explorar, descubrir, investigar la zona para tener una mirada que, si bien es subjetiva, también tiene mucho de objetiva».

En búsqueda de esa primera aproximación realizó 25 visitas a los barrios para realizar entrevistas, tomar fotografías y contextualizar la investigación. Sin embargo, reconoce que su trabajo es esencialmente documental. Por eso utiliza el Archivo General de la Provincia, la Hemeroteca Provincial, el Centro Documental Municipal, el Archivo Documental de la Municipalidad (que incluye legislación documental), catastro provincial y municipal, como así también otros autores que abordaron la historia, entre los que cita a Adriana Collado.

«Entrevisté a personajes claves de la ciudad y del lugar, esto tiene mucho de indagación porque hay que encontrar a esas personas. Las fotografías, con el contexto adecuado, también ayudan a entender muchas cosas. Trato de leer toda la cartografía que haya para entender cómo se desarrolló la ciudad. Así se pueden encontrar los primeros hitos con los que se trazó un lugar. Luego hay que clasificar y ordenar la información en función de tiempos, espacios y lecturas. Los testimonios orales son complementos y apoyaturas… Como los barrios tienen 150 años, nadie puede explicarte muchas cosas que el tiempo borró. Pero, como dice la canción, ‘todo está guardado en la memoria’, solo hay que buscarlo», asegura.

SIGNOS DE IDENTIDAD

Dalla Fontana explica que los cambios trascendentales que trajo la inmigración son el punto de partida de la identidad de muchos barrios. En las zonas céntricas, por ejemplo, con la llegada de españoles, italianos y franceses. En el norte de la ciudad los barrios se fueron conformando a partir de la migración interna que se fue dando en el país a partir de distintas crisis por eso sus vecinos tienen características criollas.

Detalla que los barrios nacen a principios de 1900, que lo que los delimita es la traza y que  generalmente están divididos por el ferrocarril, avenidas, un mojón importante o una institución. Muchos otros surgieron en la década del ’70 hacia el norte y más tarde -a partir de los ’80- hacia la costa. En definitiva, resalta que la identidad de cada uno la va a ir dando la llegada de los ocupantes junto con los edificios, las instituciones, el lenguaje, las escuelas, las vecinales. 

Al respecto, y haciendo foco en su último trabajo, finaliza: «En el noroeste de Santa Fe hay muchos barrios que se fueron conformando como pudieron. Hay distintas ciudades dentro de una misma ciudad y eso se marca en mi libro. Muchos santafesinos conocen el norte solamente a través de los medios de comunicación, de los hechos delictivos. Hay lugares difíciles pero también hay gente muy buena. Yo destaco y valoro la capacidad de esfuerzo y de transformarse permanentemente que tienen sus vecinos para poder hacer mejor el lugar donde viven».

PERSONAJES Y VIDA COTIDIANA

«En mi libro cuento la vida cotidiana de los barrios del norte. Por ejemplo, hablo de la curva Roses que era un almacén de ramos generales en 1930, su nombre hace referencia a un cantón que era un punto de confluencia de muchísima gente de todos lugares de la zona.

Analizar la urbanización también ayuda a entender los cambios que se dan en la zona. En el noroeste hay seis hitos que marcan las transformaciones: el hotel de los inmigrantes (que luego pasa a ser la cárcel de Las Flores), el reformatorio de menores en 1928 (donde hoy está el Hospital Sayago), el matadero en 1888, la Estación Las Flores en 1885, el hipódromo en 1928 y el cementerio municipal en 1901.

También relato cosas que voy encontrando en cada lugar. Es el caso de La Gran China, un barrio netamente criollo (al igual que Alto Verde) porque surge de la convocatoria de mucha gente que viene del norte de Santa Fe expulsada por La Forestal. Había una señora muy gorda de ojos achinados, la Gran China, que tenía una posada y preparaba empanadas para los empleados del matadero. De ahí el nombre del barrio».

MIGUEL ÁNGEL DALLA FONTANA

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