Santafesinos por el mundo: Francia


Bernardo Herrero es ingeniero químico y desde hace casi 6 años viven en Aix y trabaja en Marsella, allí continúa su carrera profesional en un país que se encuentra a la vanguardia en su especialidad: la energía nuclear.

TEXTOS. Revista Nosotros. FOTOS. Gentileza.

«Me vine a Francia en enero del 2017, hoy ya serían casi 6 años. Mi mayor motivación para dejar la Argentina fue principalmente el enriquecimiento cultural y profesional. En el rubro en el que trabajo, que es principalmente la energía nuclear, este es un país que se encuentra a la vanguardia y eso me motivó profundamente para mudarme», relata Bernardo Herrero. Con este joven ingeniero químico santafesino especializado en seguridad nuclear charlamos para conocer un poco más de su vida en Marsella y su trabajo en Aix, donde desarrolla su carrera.

A miles de kilómetros de distancia, siempre con el mate a mano, reconoce sin dudar que lo que más extraña es la familia y los amigos, así como también la calidez humana del argentino: «Su facilidad para socializar es distinta a la del europeo, puede ser que sea así simplemente por el hecho de que la gente en Europa está más acostumbrada a moverse de lugar cada dos o tres años por razones profesionales o personales. Desde el punto de vista social, yo considero que el argentino tiene cualidades muy distinguidas como el ser abierto, sociable y curioso. En ese sentido espero en el largo plazo no «europeizarme».

Bernardo y su hermana en los Campos de Marte, justo enfrente de la Torre Eiffel.

UNA VIDA DIFERENTE

Bernardo nos cuenta cómo es vivir en Francia. Dice que, en general, en la vida cotidiana «todo funciona»… la salud pública, el transporte público, los servicios de Internet. «Entonces, sabiendo que todo esto marcha, mis mayores preocupaciones están focalizadas únicamente en mis objetivos profesionales y personales», resume.

«Lo que menos me gusta -contrapone- es sin dudas la administración pública. El sistema administrativo es una verdadera pesadilla y como extranjero lo sufro aún más. Por suerte después de tantos años uno ya domina el idioma y todo se vuelve más fácil, pero al principio los trámites administrativos son un absoluto calvario».

Relata también que al principio su vida como extranjero no fue fácil, por las diferencias culturales y el idioma dificultaron la adaptación. «Sin embargo, luego de un tiempo uno se va acostumbrando y conociendo las costumbres locales y la vida se hace más fácil. Lo curioso es que las costumbres no son tan distintas como podría serlo con países como por ejemplo Japón, pero en el día a día las pequeñas diferencias culturales puede hacerle a uno la vida más complicada, sobre todo con responsabilidades laborales y con el estrés y los problemas del día a día», explica.

– ¿Creés que va a ser tu último lugar de residencia o proyectas vivir en otros lugares? ¿Volverías a vivir a Santa Fe?

– Por el momento no pienso en el largo plazo, más de 10 años, solo me focalizo en el mediano plazo. Quisiera desarrollar mi carrera profesional y creo que el lugar en donde estoy es muy bueno para hacerlo. No descarto nada para el futuro, soy muy consciente de que las cosas pueden cambiar de un año a otro y Argentina, a pesar de todo, sigue formando parte de mi vida. De acá en adelante me imagino avanzando, siempre. Poniéndome objetivos y cumpliendo metas. Mis prioridades siempre van a ser la familia, los amigos y el trabajo.

– ¿Qué es lo más curioso que te tocó vivir en tu nuevo país?

– Lo más curioso que viví fue encontrarme con compañeros y amigos de la facultad en el ambiente profesional acá en Europa. Fue muy gracioso el hecho de encontrarme con fotos de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) en mi trabajo, con notas en español (nadie habla español), o con recuerdos mi vida académica. Hasta mi escritorio lo había utilizado un amigo mío de Argentina tres años antes, y ver tantas cosas que me hacían acordar de Santa Fe me dio una sensación de calidez y de volver a sentir mi hogar.

 IDA Y VUELTA

«A un extranjero que visita la Argentina le diría que recorra, conozca. Es un país maravilloso, sus paisajes y su gente, el asado, el fútbol, las tardes de mate, el dulce de leche… y los vinos, sí, los vinos argentinos son espléndidos, no tienen nada que envidiar a los franceses y eso no es poca cosa.

Y a un argentino que visita Francia le diría que conozca el mar, la Costa Azul es realmente hermosa. También el Parque Nacional de las Calanques, la cultura culinaria (los vinos, los quesos, los postres), los Alpes, que están a dos horas de mi ciudad, y los monumentos históricos, Europa en general es muy rica en historia».

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