Sobre el corona… la Llorona


Por Lucila Cordoneda

Algo extraordinario logró, al menos por unas horas, sacarnos del ya ordinario cotidiano trajín en torno al coronavirus.

¿Qué cosa? ¿Qué puede acaparar nuestra endeble atención más que ese infesto bicho, que ni vida propia tiene? ¿Qué noticia puede resultar tan atrapante y con tanto condimento de distópica ficción?

¡La Llorona!

¡Si, la Llorona! ¿Quién más?

¿Quién sino puede cumplir con todos los requisitos necesarios para mantenernos tan en vilo y alertas además del infame virus?

Historias cómo estás siempre han atraído el interés y la atención de todos, o de la mayoría al menos.

En años en los que dormir la siesta no tenia el encanto actual, fundamentalmente para quienes estamos un tanto avanzados en años, nos abrazábamos a la almohada y fingíamos caer en los brazos de Morfeo.

¿La razón? Pues que sí no dormíamos la siesta, la Llorona, el viejo de la Bolsa, el Duende no se cuanto, el Pombero y toda una troupe de seres escalofriantes estaban dispuestos a hacernos compañía. Porque ¡oh casualidad! todos odiaban a los niños o estaban relacionados a alguna historia truculenta que los tenía como protagonistas.

En fin, lo cierto es que cualquier artilugio era bueno para hacerle creer a padres y abuelos que estábamos bien dormiditos y que los horrendos personajes nada tenían que hacer por nuestros lares.

Ahora bien, no se ustedes pero muchos que conozco, incluida quien escribe, creían a pie juntillas toda esa cantinela. No solo eso, juraban haberla escuchado en la ventana, lugar elegido generalmente para demostrar sus dotes de lloradora. Y, por qué no, hasta haberla visto por ahí, escabulliéndose con su bamboleante melena renegrida.

Las calles desiertas, la siestas insoportables de verano, o las noches heladas y húmedas de invierno eran el escenario perfecto y la excusa ideal para que nos guardáramos en casa y evitáramos la indeseada visita.

Y acá esta de nuevo…

Si, si, como lo oyen.

No se si esta, no tan buena señora, y digo señora aunque la verdad hay versiones diversas respecto a su género, atraída por el ya terrorífico escenario se vio tentada a aparecer. O si, sintiéndose desplazada y celosa se arrojó nuevamente a calles y campos. O si tiene algún tipo de cronograma espectral estipulado de antemano y resulta que le andaba tocando presentarse en esta fecha. No lo sé.

Lo cierto queridas Mal Aprendidas mías , es que hace unos pocos días hemos vuelto a contar con su presencia espeluznante.

Audios, videos y testimonios varios acreditan su andanzas, entre tumbas y eucaliptos.

Aullidos, llantos ahogados y ensordecedores acompañados de apariciones fugaces y bastante nítidas al parecer, han poblado estos últimos días las redes sociales, los grupos de Whats App y los medios de comunicación locales, regionales y hasta algún que otro espacio nacional.

En fin… acá vamos de nuevo.

No me queda muy claro qué es lo que tiene para decírnos, de qué o quién viene a advertirnos. Si simplemente anda queriendo salir un poco y aprovechó que esta vez, estamos todos adentro de verdad y ella muy suelta de cuerpo puede asustarnos a su gusto y piacere.

Como no andábamos ya bastante asustados y teníamos poco de que preocuparnos… cayó la llorona.

«Llora, llora la llorona, no la para ni el corona».

¡¡¡Vamos con las palmas!!!

Previo El placer de la lectura
Siguiente ¿Por dónde mira el líder?