Sobre los lados de la maternidad


En este año tan inédito, celebrar el Día de la Madre recobra un matiz especial. En medio de la incertidumbre, de las medidas de cuidado y distanciamiento, para muchos será un acontecimiento que, aunque vivido tantas veces, hoy se renueva. 

Textos. Lic. en Ciencias para la Familia Mariana Borga (@familiayvínculos).

Se aproxima un nuevo día en el que el calendario marca que se celebra a la madre, a las madres. Muchas veces se ha cuestionado la validez de tal conmemoración por estar teñida de ese barniz comercial que mercantiliza uno de los vínculos fundantes de nuestra vida.

En este año tan inédito, celebrar recobra un matiz especial. En medio de la incertidumbre, de las medidas de cuidado y distanciamiento, para muchos este día será un acontecimiento que, aunque vivido tantas veces, hoy se renueva. La vida en cuarentena para muchas significó sumar a los malabares cotidianos, del trabajo dentro y fuera de casa, el desafío de intentar enseñar contenidos escolares y buscar explicaciones en YouTube. De esta forma «googlear» se hizo el verbo más conjugado.

«Hubo un tiempo en el que todo lo que ocurría fuera de casa era lo importante, lo prometedor, lo novedoso, mientras en el espacio doméstico la vida discurría con su letra pequeña e inclinada. Mucho antes de que se inventara el coaching, las madres ejercían ya ese papel, entregadas y sacrificadas, pero también críticas y a veces severas.» nos decía el año pasado la escritora Joana Bonet.

Y así fue que lo cotidiano, lo de todos los días, lo micro, se fue tejiendo formando el tapiz de la cuarentena, que todavía vemos del lado revés, sin saber aún la forma definitiva que para cada uno ha tomado.

La familióloga, Mariángeles Castro Sánchez destaca que «es tal la relevancia de la maternidad en el entramado social que su nombre se ha hecho verbo. Hablamos así de maternar (…). Maternar es forjar el vínculo primario de apego que estará posteriormente presente en cada relación establecida a lo largo de nuestra historia».

Porque el impacto de este vínculo atraviesa toda nuestra vida. Nos acompaña tanto en su presencia como en su ausencia. Nos habla de vida, de cuidado, de atención, de sueños y expectativas. De nutrir el cuerpo y el alma de otro ser que se nos ha confiado, en el vientre o en el corazón.

Hoy reiteradas veces se habla sobre el lado B de la maternidad, buscando desmitificar y liberarla de estereotipos: en las redes sociales y en las películas abundan referencias al cansancio, al agobio que supone ser madre. Seguramente, muchas veces esto se hace con la buena intención de generar la tranquilidad que produce sentirse identificada en el mal común que atravesamos junto a otras. Se comparten tópicos comunes acerca de las noches en vela, el puerperio, los pañales, lo que hace o no hace la maestra y la clase virtual en la que se le pasó conectar a su retoño.

Porque cuando sos madre, ya nunca sos la misma. Es una experiencia que coloniza todo lo que vivimos. Las metas personales, profesionales, el trabajo, van estar bajo el signo de la maternidad. Y esta irá mutando con el desarrollo del ciclo vital nuestro y el de nuestro hijos e hijas. Al escribir estas palabras pienso en mi propia mamá, que ya inició el rumbo hacia lo eterno, que era la primera que llegaba luego del parto de mis hijas, feliz por su abuelazgo y cuidando de mi, dándole consejos a mi marido sobre como atenderme. Una vez madre, para siempre madre.

Porque antes de ser madre, se es hija y esta posición, como afirma Bonet, es más cómoda. Nos permite atribuir a nuestras madres muchas de nuestras heridas y cuestionar cómo ellas han vivido. Cuando vamos creciendo, a veces tenemos la fortuna de comprenderlas y, si fuese necesario, perdonarlas. Porque ahora siendo madres, nos damos cuenta de que no era tan fácil. Sólo existen las madres reales, las que pierden la paciencia y la encuentran; las que dudan y buscan ayuda; las que intentan hacer lo mejor que pueden cada día con las herramientas que tenga (o inventa).

Por eso, hoy propongo volver a escuchar el lado A de ser madre, esas sonrisas, esas miradas de nuestros niños que resignifican todo. Hace que valgan las penas y saca la leona que no conocíamos que teníamos dentro porque se trata de un amor que salva y regenera. ¿O no lo dicen casi todas? «Lo más importante de mi vida son mis hijos», nos recuerda Bonet.

Aun así, en el discurso público apenas aparecen las madres ¿Cómo callar esa condición que abarca tanto tiempo mental y real, y que estructura la vida de muchas mujeres? se pregunta la española.

Una de las lecciones que podemos aprender de esta pandemia es la urgencia de revalorizar lo doméstico, donde somos lo que verdaderamente somos, sin posibilidad de fingir otra cosa, donde se puede encontrar espacio para una educación puramente práctica, sin teorías, en el respeto, la equidad, la justicia entre mujeres y varones.

El desarrollo sostenible, incluye fundamentalmente lo humano, y como afirma Castro Sánchez, tiene rostro de mujer y vientre de madre.

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