El tango en Santa Fe: las orquestas típicas


Con sus casi 90 años, Juan Roque Eulogio Piccoli aún conserva en su memoria aquella gloriosa época donde las orquestas de tango eran el alma de los bailes santafesinos.
Textos. Rocío Piccoli. Fotos. Gentileza Familia Piccoli.

El reloj marcaba casi las 10, cuando me presenté frente al portón de rejas blancas -algo despintadas- de su casa. El sol ya tornaba cálida la mañana santafesina. Pasados unos minutos, la puerta se abrió y mi abuelo, Juan, asomó llave en mano.

 

Nos dirigimos a la cocina, sus manos se acercaron a la alacena para tomar dos tazas y en cada una, echó una cucharada y media de café, tres de azúcar y una de miel. Sobre la mesa, un cassette, y en su tapa, de puño y letra, una sucesión de tangos y fechas.

 

Con sus casi 90 años, Juan Roque Eulogio Piccoli aún conserva en su memoria aquella gloriosa época donde las orquestas típicas de tango eran el alma de los bailes santafesinos. El diario El Litoral, recuerda, sacaba cada viernes dos páginas completas con publicidades de los mismos.

 

Santa Fe no se quedaba atrás en la oferta musical. Las décadas del 40 y 50 vieron nacer, transformarse y perecer muchas orquestas. Tres o cuatro fuelles -bandoneones-, entre dos y cuatro violines, un contrabajo, un pianista y un cantor, constituía la formación más habitual.

AL RITMO DEL DOS POR CUATRO

 

“Cuando yo tenía 4, 5 años, mi papá me regala un violín de lata. ¡Era un violín que sonaba, eh! Se podía tocar y todo. Todavía lo tengo de recuerdo, guardadito. Mi papá tocaba el acordeón de 8 bajos, en aquel entonces se usaba mucho”.

 

Desde pequeños, cuando aún habitaban la casilla ubicada en Barrio Barranquitas, Juan y su hermano José aprendieron de su padre el amor por la música. Ambos pasaron por las aulas del Liceo Municipal y se recibieron como profesores de ‘Teoría y Solfeo”, aunque no pudieron finalizar los estudios de sus respectivos instrumentos.
Con tan sólo 15 o 16 años, Juan Piccoli comenzó a transitar el mundo de las orquestas. Primeramente, de la mano de Antonio De Genaro, en la Orquesta América, luego junto a Orlando Lazo y su Orquesta cooperativa, y, también, como violinista suplente en la orquesta de la familia Ranzani, de la localidad de Emilia.

 

LA TÍPICA FLORIDA

 

El trayecto musical más importante de Juan Piccoli comenzó, no obstante, hacia el año ‘49, de la mano de la Típica Florida.

 

La Florida era una orquesta cooperativa integrada por ocho músicos. “No era un rejuntadito, sino una orquestita que ya andaba bien. Tocaba todos los sábados”, aclara Juan. Entre su valija de anécdotas, recuerda que Sorbellini -quien fuera su director- un día decidió echar a cinco integrantes, entre los cuales se hallaba él. Al ser cooperativa, Sorbellini no tenía potestad para tomar esa decisión, motivo por el cual, el nombre de Típica Florida pasó a manos de Piccoli y sus compañeros.

 

Fue entonces, cuando se pusieron en campaña para rearmar la orquesta. Habían quedado dos violines y tres bandoneones. “En casa había un bandoneón que era de papá -continúa narrando- y Pepe, aparte de que estudiaba guitarra, aprendió a tocar solo el bandoneón. Un buen día Pepe llega a casa y se encuentra con que había un piano (que papá había conseguido a cambio de un trabajo). ¡Para qué! Se atornilló al asiento y no se levantó más. Justo era el momento en que precisábamos un pianista”.

 
Así fue que la Típica Florida alzó vuelo nuevamente, ahora bajo la dirección musical de José Piccoli y con Juan como su representante. El repertorio estaba compuesto íntegramente por obras de Juan D’Arienzo, y los arreglos eran sacados por los hermanos Piccoli directamente de los discos del “Rey del Compás”.

 

TÍPICA JOSÉ PICCOLI

 

Hacia el año 1956, Juan y José decidieron abrirse y comenzaron a formar una orquesta con músicos aficionados, estudiantes. Pepe se encargó de preparar a los bandoneones, y así nació la Típica José Piccoli, que tuvo su debut en agosto de 1956 en el salón de la Unión Ferroviaria.

 

Con un éxito in crescendo, la José Piccoli se hacía presente en casi todos los bailes de la ciudad de Santa Fe y alrededores. Los escenarios habituales eran los clubes, que se abarrotaban de jóvenes.

 

Hoy, este horizonte musical, permanece en el corazón de aquellos que fueron parte de esta historia.

 

Con suerte, ciertas luces se conservan en algún viejo cassette, que recupera grabaciones acompasadas por el susurro de una púa. Dentro, cuidadosamente escrito en tinta azul, un listado de tangos, fechas y nombres, y, entre ellos, anécdotas de algún cantor tartamudo, o un negrito que “no decía nada” pero que se las sabía todas… todas las de D’Arienzo.

 

 

 

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