Te deseo un camino largo


Por Lucila Cordoneda

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

Konstantino Kavafis

Nos ponemos metas, enfocamos la mirada hacia dónde pretendemos llegar y nada parece tener más importancia que eso.

Desconocemos lo que se va presentando, sin prestar la más mínima atención al valor que pueda tener.

Solo importa el destino, la llegada.

¡Cuánto escuchamos del valor y la importancia de disfrutar del viaje! Frases hechas, clichés miles. Sin embargo y más allá delo superfluo que pueda resultarnos, algo, algo de todo eso pareciera tener algo de verdad.

Hace poco alguien me acercó este poema. Me pareció delicioso. De esas maravillas para enmarcar, tener cerquita a mano y echarle un vistazo cada mañana. Como para no olvidarnos.

Una especie de recordatorio acerca de que la va la vida. A qué viene tanto trajín.

Tantas idas, venidas, recovecos y mojones varios.

Tanto andar y desandar. Tanto intentar atravesar, desmalezar a fuerza de lo que sea para abrirnos paso.

¿Cual es la imagen que tenemos de la línea de llegada? ¿De verdad es tan clara, tan fuerte y tan precisa?

O es más lo que no gusta e insatisface del ahora que nos arrastra a tener siempre la mirada allá, en lo que quisiéramos que fuera.

De verdad creo que a veces, tanta información, tanto hacernos creer que la estamos pasando mal, que podría ser mejor, que nos merecemos mucho más, nos coloca al borde de un estado de angustia y desolación que, lejos de envalentonarnos a salir de ese aparente desastre, nos agobia, nos clausura.

Siempre puede ser mejor, claro que si, el tema es mejor que qué, qué cuándo, que con quién o qué quién…

¿Qué mide esa vara amiga? ¿Quién pone esos estándares?

Y ojo, no estoy hablando de renuncias, de conformismos ni de aceptar lo mediocre.

Estoy hablando simplemente de que por ahí, solo por ahí, lo que de verdad vale la pena es lo que va pasando mientras estamos obsesionadas por lo que debería pasar.

¿Y si al final resulta que no hay Ítaca alguna? ¿Que lo creemos la cima no es más que un absurdo espejismo?

¿O que por ahí, solo por ahí, la Ítacas están mucho más cerca de lo que creemos, más a mano y hasta puede que hallamos pasado por alguna sin darnos cuenta?

De cuantos colores, sabores y olores nos hubiéramos privado, de cuando disfrute y amores nos hubiéramos alejado rápidamente solo para llegar a ningún lado, cuánta vida nos hubiéramos empeñado en sobrevivir.

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