Teresa Lorenzo, una leyenda del básquet santafesino


De chica se escapaba del colegio para ir a jugar al básquet. Jugó en la selección, abrió la puerta de percibir un salario por ser deportista y hasta compartió cancha con una de sus hijas. Historias de vida de una de las mejores jugadoras que ha dado la ciudad de Santa Fe.

TEXTOS. Juan Carlos Haberkon.

Teresa Lorenzo nació en Avenida Freyre, a metros de la cancha de Unión. Casi un presagio de lo que seria su vida relacionada con el «tate». Sus primeros recuerdos están ligados al deporte, más precisamente al baloncesto. «Cuando tenía 4 años iba a la escuela Beleno, y en el último recreo me escapaba para ir a jugar al club Rivadavia. Las porteras iban a buscarme a mi casa y mi mamá les decía que me dejaran, que seguro estaba en el club jugando», cuenta.

SUS INICIOS COMO DEPORTISTA

Después de unos cuantos años en Unión, pasó a Gimnasia y Esgrima de 4 de Enero. Además de su tiempo en la cancha, Teresita cumplía con los deberes normales de cualquier jovencita de su edad: «Terminé en la escuela Beleno, e hice hasta 3er. año en el Liceo Nacional. En ese año viajé 3 veces a Paraguay en hidroavión y lamentablemente lo perdí. Así que aproveché y me fui al Colegio Normal a estudiar para ser maestra, que era lo que yo quería. Trabajé un año en la escuela N° 809 Brigadier Estanislao López, pero no me agradó el estar encerrada, yo necesitaba movimiento constante, por eso me decidí a estudiar Educación Física».

CÓRDOBA Y EL MUNDIAL EN BRASIL

Para el año 1953 era parte del seleccionado santafesino de básquet, en un argentino jugado en la provincia de Jujuy se consagraron campeonas. Junto a Mabel Balocco, Ana María Sánchez, Edelbis Rodríguez y José Farriola formaron un verdadero «dream team». Hoy en día, existen muy pocos deportes que no sean profesionales y que no paguen a los deportistas por el trabajo realizado. Para esas épocas recibir un salario por jugar al básquet parecía algo utópico. Sin embargo, Teresa era buscada por otros clubes por sus grandes rendimientos dentro de la cancha. Con ofrecimientos de un salario y con hospedaje generalmente en casas de familias, tuvo la oportunidad de irse fuera de la provincia: «Me fui a Córdoba luego de estar en Santa Fe, estuve primero en Belgrano y luego en Talleres. Fueron épocas espectaculares, sobre todo, los años en Belgrano. Los disfruté muchísimo. Ganamos campeonatos por 10 años seguidos. No era para nada sacrificado jugar y vivir lejos, era un gusto, un placer hacerlo» recuerda Teresita con mucha nostalgia.

Después de grandes rendimientos, llegó la enorme oportunidad del Mundial de Río de Janeiro en 1957. «Jamás me imaginé estar en un Mundial. Cuando nos designaron, fuimos 5 jugadoras. Estuvimos un mes concentradas cerca de la cancha de River y nos llevaron a jugar a distintos clubes para hacer prácticas y partidos amistosos. Fue una maravilla vivir esa experiencia, cuando sonaba el himno llorábamos todas, era un momento emocionante estar representando a nuestro país. Se me pasaban mil cosas en la cabeza, todavía me emociono. Conocimos personas destacadas, deportistas y muchos lugares de Brasil. Nuestros técnicos eran Dora Rodius y Julio Pastorino, que nos sacó campeón en Bahía Blanca unos meses antes», dijo.

Además de estar adentro de la cancha mostrando sus grandes virtudes, también fue directora técnica, ya que como buena profesora de Educación Física su vocación era enseñar: «En Barranquitas fui directora técnica por una temporada. En la escuela también saqué campeones a 3 divisiones de pelota al cesto y de básquet, menores, infantiles y mayores».

LA VIDA EN SANTA FE

Además de su carrera deportiva Teresa tuvo la posibilidad de formar una familia, algo que para ella significó una enorme alegría. «Me casé con José Ferreira, que también jugaba al básquet y luego jugó al fútbol en Newell’s de Rosario. Tuvimos dos hijos, ambos deportistas. Uno llegó a salir campeón con La Salle en la Liga Santafesina en el año 1993 y mi hija, con quien he compartido el deporte en la cancha en Unión. Ella comenzaba a entrenar y a jugar y yo ya me retiraba, pero era un privilegio y un gusto que nos queríamos dar, la de compartir la pasión por la naranja y poder hacerlo desde adentro de la cancha. Y gracias a ellos también puedo ser abuela» comenta.

Con el correr de los años su nombre se ha dado a conocer en todas las generaciones. Por eso agradece a toda la comunidad santafesina por el reconocimiento constante y el impacto que ha tenido en la ciudad su carrera deportiva: «Santa Fe es mi lugar en el mundo. Vivo en barrio Roma, es un orgullo vivir donde vivo, tengo grandísimos vecinos. Disfruto mucho mi Santa Fe querida» cuenta. Además de ello, Teresa trabaja su mente a diario, ya que se declara una fanática de los crucigramas, de los diccionarios y de un atlas donde tiene todos los países del mundo. Sabe hablar francés y canta en portugués. Más allá de su pasión por el estudio y la habilidad mental, el básquet sigue siendo motor y motivo en su vida, se hace tiempo de mirar todos los partidos de NBA y cuando puede, se acerca hasta el Malvicino con su nieta para ver a su amado Unión por Liga Nacional. Parándose desde su lado considera que el nivel que hay en la ciudad es muy bueno, ya sea desde niveles formativos a la primera división, felicitando a quienes trabajan a diario en las instituciones para formar a los jóvenes como deportistas y personas.

CONSEJO PARA LA JUVENTUD

Teresa Lorenzo es un ejemplo de vida, de perseverancia y de abrazar al deporte con tanta pasión. Por eso, y con cierta emoción en sus palabras su mensaje para las nuevas generaciones es claro: «El deporte para los jóvenes es vital, no hay ninguno que sea malo. Les diría a los chicos que eviten estar en la calle, que vayan a un club, a cualquiera. Ahí siempre te van a enseñar cosas buenas. En mi caso Gimnasia fue mi segunda casa, me atendieron y me formaron muy bien. Hasta nos daban de comer y nos llevaban a nuestras casas. Es imposible no recordar eso y poder expandir mi experiencia como un mensaje para los chicos y chicas que vienen abajo. El deporte y un club te cambian la vida. Y lo principal es que van a ser formados como personas, y a cosechar grandes amistades que con el tiempo agradecerán», aseguró.

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