Un espacio para pensar la experiencia del liderazgo


Influir no es obligar, amenazar y mucho menos castigar. Tampoco es dejar hacer y abandonar. Es acompañar, guiar y comunicar con el ejemplo. Es pensar y hacer en pos del desarrollo constante de la gente.

Textos. Gustavo Giorgi.

Dicen que los títulos si son buenos no deben ser explicados, pero en este caso y por ser la primera entrega de esta nueva sección, voy a saltar esa regla.

Pienso que el componente esencial del liderazgo se define por la capacidad de influencia. Esto es, lograr que los colaboradores desarrollen las tareas que se les encomienden convencidos, entusiasmados y con sentido.

Influir no es obligar, amenazar y mucho menos castigar. Tampoco es dejar hacer y abandonar. Es acompañar, guiar y comunicar con el ejemplo. Es pensar y hacer en pos del desarrollo constante de la gente.

Por otro lado, el paréntesis (vicio psicoanalítico, lo admito) deja traslucir otra palabra: Fluir. Esta adquirió el status de concepto a partir de los desarrollos de uno de los más importantes teóricos actuales de la creatividad, Mr. Mihály Csíkszentmihályi (es así, no faltan vocales) quien identificó al Fluir como ese estado óptimo de motivación, en la que la persona está inmersa en lo que está haciendo y se caracteriza por una sensación de gran libertad. Así, pienso que la experiencia grata del liderazgo es fluida y no forzada. Sale fácil.

Y precisamente porque hay quienes les sale más natural que a otros, pienso que la explicación está en que cumplen con las tres condiciones para ser un líder exitoso, que son:

1. Debo querer ser líder

Parece una obviedad, pero en la práctica no resulta así.

Es sano preguntarse si verdaderamente nos gusta tener ese rol o sentimos que no es para nosotros. Ser honesto en este punto es vital para el futuro.

Se trata de ser consecuente con nuestros deseos y aspiraciones y no dejarnos extraviar por lo que sería «socialmente correcto» o valorado por los demás. Seremos nosotros, con nuestro propio cuerpo y mente los que cargaremos con esta responsabilidad y por ende mover esta primera palanca debe ser una decisión ciento por ciento personal.

2. Ser empático con los demás

Cada quien sabe, si tiene la valentía de analizar su conducta, cuán empático es con otras personas.

¿Soy capaz de entender el punto de vista ajeno, pero no solamente desde el aspecto racional, sino ir más allá y sentir lo que el otro siente? ¿Sentir con el otro?

Ser empático y ponerse en sus zapatos implica tanto los componentes racionales como emocionales. Las personas con esta predisposición se preocuparán por sus colaboradores, pero no solo para servir de pañuelo sino sobre todo para, a partir de su entendimiento profundo, ayudar y acompañar con los cambios necesarios para mejorar su situación. Por ejemplo, analizar la baja de performance de un empleado con empatía implica entender cuáles son los motivos para ello y luego generar acciones específicas que alteren ese estado de cosas, logrando un mejor bienestar para él. Reconocer públicamente su desempeño, enviarlo a un curso de capacitación afín a sus actividades, mejorar su paquete de beneficios son una muestra de tales acciones que realizaría un líder empático.

3. Tener coraje para tomar decisiones

¿Por qué alguien decide, en un momento de su vida, ocupar una posición de liderazgo en una organización?

Aquí las respuestas podrán variar, pero indudablemente todas hallan su causa final en una cuestión narcisista. Aquel que responde afirmativamente a la pregunta de si quiere ser líder, lo hace por narcisismo, definiendo por tal cosa a un amor a sí mismo (debo precisar aquí que en términos freudianos se trata de un narcisismo secundario, dado que la libido es enviada por el sujeto hacia el exterior y luego vuelta hacia sí mismo. Se distingue del narcisismo primario en el que no hay interés por lo que sucede en el afuera y es propio de ciertas neurosis o estadios tempranos en el desarrollo de la personalidad).

Entonces, nos hallamos ante una paradoja: los que quieren ser líderes lo hacen para sentirse admirados, reconocidos, aceptados, queridos… Sin embargo y justo ahí se da una de sus principales contradicciones con las que deben lidiar dichas personas: al momento de tomar decisiones que podrían ser antipáticas para los colaboradores, pero exigidas por la situación, se pondrá en juego una cuota de ese amor y solo aquellos capaces de asumirlo de forma eficaz serán quienes logren desempeñar el rol de buena forma.

En definitiva, pienso que tomar decisiones importantes es solo un patrimonio reservado a quienes saben hacer con su narcisismo…

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