Una artista santafesina que triunfa en Roma


María Constanza Villarreal Doldán vive en Italia donde expuso su arte y recientemente debutó como curadora en las muestras de la Via Appia Antica con la colaboración de Vittorio Beltrami.

TEXTOS. Graciela Daneri.

Estudió arquitectura en la UNL, pero la veta artística primó sobre ella. Se dedicó por completo a la pintura. Recuerdo un cuadro de ella que me enamoró en una exposición que realizó hace varios años. La compramos, porque allí representa un sitio de la Costanera santafesina y hoy ocupa un lugar de privilegio en nuestro hogar. ¿De quién se trata? De María Constanza Villarreal Doldán.

Hace unos años el destino o el amor la llevó a habitar en Roma. Allí tuvo sus tres hijas –Aurora, Olivia y María Sabina- y la «caput mundi» le dio más impulso, aunque no lo necesitaba, porque ella es arte. Pero Roma la subyugó (¡cómo no!) y realizó innumerables exposiciones exitosas, no sólo en Italia, sino en otros países europeos. Emprendió el estudio del diseño clásico y la pintura en el Sistema Atelier de la «Accademia di Firenze» y en Roma en el Atelier Canova.

Esta formación clásica, junto a un carácter experimental, le ha permitido desarrollar una poética profundamente basada en la comprensión de los materiales, en sus potencialidades expresivas y en la capacidad de vehiculizar mensajes fuertes. Opina que «es interesante extraer el flujo dinámico de la vida y entrelazarse en la composición visiva. Estratificado en la narrativa, hay una mirada de la fragilidad de la vida y del cuidado que ésta requiere».

CULTURA CIRCULAR

La última vez que retornó a Santa Fe hizo una exposición en AG Arte, en mayo, y allí presentó trabajos con textiles post consumo y remendados llenos de marcas y signos de presencia. «Las mismas marcas que los hacen inadecuados para la vida moderna son mi punto de partida» confiesa, a la vez que agrega «todos estos textiles me los ha regalado alguien y por eso hablan de generosidad y cultura circular».

Y señala María Constanza: «A la ofrenda de las manos que las hicieron y a todas las marcas anteriores, añado mis remiendos. Los reparo visible e intencionalmente como un recordatorio de la fragilidad de la vida y al cuidado que ella reclama», filosofa, y subraya «compongo coloridas escenas inspiradas en la vida cotidiana en un minucioso ensamble de textiles y dibujos. Escondidas entre las imagénes familiares hay una invitación constante a estar más presentes en nuestro día a día y redescubrirnos en las huellas del cuidado».

Ahora, debido a su mérito, María Constanza Villarreal Doldán, la argentina y sobre todo santafesina, debutó como curadora en las muestras de la Via Appia Antica (Roma), con la colaboración de Vittorio Beltrami.

DIVERSIDAD

De esta muestra participan todos artistas radicados en Roma (Carolyn Angus, Marina Buening, Nero Galante, Anita Guerra, Roberto Mannino, Emanuela Mastria, Claudio Orlandi, Sahoko Takahashi, Olga Teksheva y Constanza Villarreal Doldán) y traen consigo la diversidad: «un resultado armónico e interesante, dialoguista entre historia, arquitectura y arte contempóraneo, donde una cosa valoriza la otra, investigando la parte histórica».

CON MÁS DE MIL AÑOS DE ANTIGÜEDAD

La muestra se desarrolla en una antiquísima papelera con más de mil años de antigüedad que se halla dentro del Parque Arqueológico de la Via Appia Antica. Primero fueron los monjes capuchinos en producir lana dentro de esas instalaciones y luego, a partir de principios del 1900, se modernizó y producía papel y para ello se utilizaban desechos textiles.

Hoy, ya en curso el siglo XXI, fue transformado en un espacio de museo y polo cultural. «Yo, desde la curaduría, ofrecí el título de «Remanso» –porque la palabra española es bella y justa- y propuse a cada artista realizar un «site specific» que se relacione con el tema tanto en historia del lugar, su espíritu de manipulación de materiales y experimentación con la fibra.

Resumiendo, sus escenas inspiradas en la vida cotidiana consiente los materiales de recupero y le ha permitido una potencialidad expresiva y una invitación continua a abrazar la transformación y observar la belleza en todas las fases que de ella derivan.

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