Valientes para ser libres


Por Lucila Cordoneda

Hace unos días, en una de las muuuuchas charlas/ terapia con mis amigas (acá hago un parate y quiero aclarar que en esos encuentros debatimos con la misma energía temas baches de la ciudad como despenalización del aborto. Somos bastante pasionales, como quién dice). Bue, la cuestión es que en esa oportunidad una de ellas dijo, refiriéndose a su hija: cada día, cuando la dejo en la escuela, cuando sale de casa, etc, le digo “sé valiente”.

Debo confesar que en ese momento, algo me hizo ruido, inmediatamente repliqué: “más q enseñarles a ser valientes debemos enseñarles a ser libres”. Hoy, luego de unos días en que la idea quedó repicándome en la cabeza porque (y acá hago otro parate: para eso están buenas también las sesiones con amigas.

Aunque parezca que no nos escuchamos, porque nos pisamos, gritamos, hablamos todas juntas… en fin), evidentemente nos escuchamos, no solo eso, aprendemos de nosotras, crecemos, nos construimos y desaprendemos lo que muuuuuchas veces los mandatos y matrices nos formatearon.


Bue… retomo. Lo cierto es que hoy, después de varios días rondándome esa idea en la cabeza, creo que mi amiga tenía razón. Está bueno que les enseñemos a nuestros niños/jóvenes a “ser valientes”.


Valientes para defender lo que piensan, aunque parezca que son los únicos que piensan así. Aunque la mayoría opine distinto, aunque no sea lo políticamente correcto, lo que está de moda, lo cool. Aunque sientan que “se quedan afuera”. Valientes, para enfrentar los prejuicios, los mandatos absurdos, aunque pretendan hacerles creer que las cosas siempre fueron así y, en consecuencia, así están bien.


Valientes, para no permitir que lastimen a nadie, para defender al más débil, aunque el resto actúe envalentonado por la masa o el grupo.


Valientes para decir no, no me gusta, no quiero, no es lo que deseo.


Valientes para elegir, para decidir de qué lado quieren estar realmente, valientes para ser genuinos con ellos mismos.


En definitiva, valientes para reconocer los propios miedos, limitaciones y miserias y aún así ser libres.


Aunque sea un rato, un suspiro. Porque es de instantes la vida. No es más que un relato de intentos y decisiones, de miedos, de superaciones y de cuotificadas pasiones.

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