Veinte años sin Diana de Gales


Por Silvia Kusidlo y Christian Bhmer
dpa

 

Un Mercedes negro circula veloz en medio de la noche parisina. En el túnel del Puente del Alma, cerca del Sena, la limusina choca contra un pilar.

 

En el lugar hay “paparazzo” que toman las primeras fotos. “La princesa Diana está dentro”, dice uno de los presentes. Es la madrugada del 31 de agosto de 1997 y comienza el drama de París, la muerte de Lady Di, de la que este jueves se cumplen 20 años.

Diana de Gales, de 36 años, y su novio Dodi Al Fayed, de 42, habían salido de cenar del hotel Ritz, en la Place Vendome, seguidos por fotógrafos de la prensa del corazón.

 

Ninguno de los cuatro ocupantes de la limusina en la que iban llevaba puesto el cinturón de seguridad. Diana, gravemente herida, fue trasladada a un hospital donde murió poco después. Sólo sobrevivió el guardaespaldas, que viajaba en el asiento del copiloto.

 

Las investigaciones revelaron que el chofer conducía demasiado rápido al intentar escapar de los reporteros y que había ingerido alcohol y medicamentos.

“Tenía heridas muy graves en la cabeza pero todavía vivía (…) Pero precisamente las personas que habían ocasionado el accidente no ayudaron, sino que fotografiaron cómo murió en el asiento trasero”, lamentó su hijo menor, el príncipe Harry, en un documental realizado por la BBC con motivo del aniversario.

 

La tragedia sacudió profundamente hace dos décadas a los británicos y a millones de personas en todo el mundo. Diana era la “reina de corazones”, capaz de consolar a personas afligidas o de dar la mano a un enfermo de sida, algo desacostumbrado entonces para un miembro de la familia real británica.

 

Su naturalidad entusiasmaba a la gente, tan diferente al comportamiento del príncipe Carlos, que muchos consideraban excéntrico y poco accesible.

 

Su matrimonio no empezó bien. Antes de la boda apenas se había visto en 13 ocasiones con el príncipe heredero, contó Diana en una grabación de video que salió a la luz recientemente.

 

Ya poco después del compromiso, el príncipe Carlos la traumatizó. Cuando un periodista les preguntó si estaban enamorados, Diana contestó: “¡Sí, por supuesto!”. Pero Carlos añadió: “Lo que sea que signifique estar enamorado”.

 

A pesar de todo, la boda entre Diana, que entonces tenía 20 años, y Carlos -13 mayor que ella- se celebró por todo lo alto, con vestido espectacular y retransmisión televisiva que siguieron millones de personas en todo el mundo. Para muchos fue una boda de cuento.

Sin embargo, poco después Carlos engañó a Diana con su amor de juventud, Camila Parker Bowles. El matrimonio se convirtió en una pesadilla, Diana sufrió bulimia, se sentía sola y se refugió en aventuras sentimentales.

 

En 1996, poco antes de su muerte, la pareja se separó. Al contrario que al príncipe Carlos, a menudo se la veía triste y pensativa. Pero nunca cuando estaba con sus hijos Guillermo y Harry.

 

“Era como una niña grande”, asegura Harry, de 32 años, en el reciente documental de televisión. “Nos cubría de amor”, aseguran él y su hermano mayor, el príncipe Guillermo (de 35 años), en una grabación con la que quieren mostrar a la opinión pública cómo era su madre. “Pueden ser tan traviesos como quieran, pero nunca dejen que los descubran”, les recomendaba.

 

La última vez que hablaron con ella fue por teléfono, en una llamada muy corta porque los dos hermanos (entonces de 12 y 15 años) tenían prisa por volver a jugar. Recientemente han reconocido lo mucho que les pesa aquello.

 

También han criticado con dureza a los fotógrafos que la “seguían como una jauría de perros, la perseguían, molestaban, gritaban su nombre y escupían” para conseguir una reacción furiosa y grabarla.

 

La sociedad británica mostró un inmenso dolor por la muerte de Diana. Pero la Casa Real, en especial la reina Isabel, se mostró en un primer momento distante. La opinión pública lo interpretó como una muestra de frialdad y la popularidad de la familia real cayó.

 

La tumba de Diana está en una isla situada en un lago en Althorp, en una propiedad de su familia, y fue renovada con motivo del vigésimo aniversario. En el Palacio de Kensington, donde vivió durante 15 años, será recordada con un monumento y una exposición con algunos de sus vestidos que podrá verse durante dos años. Y es que para muchos la princesa Diana también era un icono de la moda.

 

En tanto, el príncipe Carlos lleva 12 años casado con su gran amor, Camila, a la que al principio muchos apodaban como “la rottweiler”. Los dos han conseguido recuperar el respeto del pueblo gracias a su empeño y comparecencias serias y profesionales.

 

¿Podría decirse que todo está bien? En realidad no. Todos los implicados guardan profundas cicatrices y en Reino Unido siguen corriendo ríos de tinta sobre el tortuoso matrimonio, también ahora con motivo del aniversario. Cada detalle se publica, desde la vida sexual de Carlos hasta la frecuencia de los episodios de bulimia de Diana.

 

En París, mientras tanto, los turistas peregrinan hasta un monumento en el Puente del Alma. En realidad no tiene nada que ver con Diana pero sirve de memorial para la princesa. Se trata de una réplica de la antorcha de la Estatua de la Libertad de Nueva York y a sus pies reposan flores y fotografías de la princesa de Gales.

 

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